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El rostro de San Juan

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Subtitulada Un cuadro perdido de Alonso Cano, aparece en esta novela un mecanismo narrativo que ya explotó en Mundos cruzados y que bebe directamente de una obra anterior (El escarabajo) de su admirado Manuel Mujica Lainez: un objeto sirve de hilo conductor a través de los siglos. Lo que en Mujica era un escarabajo egipcio y en Mundos cruzados un complicado reloj de la época del Emperador Carlos V, en esta novela es la extraña e inquietante fisonomía de un san Juan que forma parte de un retablo, junto a otras tres tablas con los demás evangelistas. El cuadro fascina e inquieta a las generaciones de descendientes de don Francisco de Garcerán desde los tiempos de Alonso Cano hasta la actualidad.

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Bootrailer



Unamuno en Fuerteventura

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En Puerto del Rosario, capital de Fuerteventura, una placa luce sobre la fachada del edificio que albergó a Miguel de Unamuno durante su destierro (febrero a julio de 1924) en aquel desierto encapsulado en una isla. La leyenda conmemorativa es espectacular: “Parlamento de Canarias – Homenaje a Fuerteventura/ que supo ser patria/ en el destierro de/ Miguel de Unamuno./ 1985”. No queda claro si el homenaje tiene como sujeto a Fuerteventura en sí, la isla volcánica con sus terrales saharianos, sus playas blancas, sus montañas rojas peladas bajo el sol, los matojos del camino y las cabras que ramonean en los matojos, bichos vivientes que forman parte del paisaje y tienen tanto derecho a ser recordadas por el Parlamento de Canarias como los secanos, los caminos sin asfaltar, el viento que deja las pieles en salmuera y las poderosas olas que han convertido a muchos enclaves del lugar en paraíso de los surferos. No queda claro, decía, digo ahora, si los patres conscriptos del archipiélago p…

Godos, de Pedro Santamaría

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En el año 376 dC, decenas de miles de godos, huyendo del avance de las hordas de Atila, se congregan en las orillas del Danubio que trazan la frontera natural entre el imperio romano y las tierras de los bárbaros. El emperador de oriente, Flavio Julio Valente, duda entre impedir la entrada de esas masas de fugitivos o franquearles el paso, permitirles asentarse en tierras dacianas y aprovechar esta circunstancia para renovar la vitalidad de la sociedad romano-oriental, ya en decadencia; los godos aportarían población a lugares y cultivos abandonados, sus jóvenes guerreros se integrarían en los ejércitos imperiales, las nuevas granjas, cultivos y provechos aportarían nuevos impuestos... Sólo una objeción entorpece este plan: los godos llegan en estado de precariedad, sin alimentos, sin nada entre las manos; por tanto, acogerles supondría un esfuerzo económico importante, ser sufragado por todos los habitantes de las seguras tierras al oeste del Danubio: los súbditos de Valente; y esta…

De cosecha ajena - Arenga a los últimos hombres libres

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“Cuantas veces reflexiono sobre las causas de esta guerra y sobre cuál será la actitud de los dioses para con nosotros, me siento bien seguro de que vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud; y no os queda ya tierra a vuestra espalda para retroceder y ni siquiera el mar, con el acecho de la flota romana, ofrece seguridad. Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes".
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Jünger, tras la guerra y la paz

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En la presentación de esta colección de artículos sobre la obra y, digamos, "cosmovisión" de Jünger, Alexader Duguin propone:
"Ernst Jünger es un destacado escritor alemán, cuyo destino literario y político es un símbolo clásico de lo vanguardista, animado e inconformista en la cultura europea del siglo XX.

Testigo de dos guerras mundiales, uno de los teóricos principales de la Konservative Revolution alemana de la época de entreguerras, inspirador del nacionalsocialismo, que pronto llegaría a convertirse en un “disidente de la derecha” tras la llegada de Hitler al poder, sobreviviente a la desaprobación oficial durante el III Reich y posteriormente condenado al ostracismo por los vencedores durante el proceso de “desnazificación”.

Hoy en día Jünger es considerado por derecho como un emblema del siglo XX, un portavoz no sólo de la “generación perdida” sino del “siglo perdido”, alegoría de la lucha apasionada y dramática de los últimos impulsos sagrados de la vida naciona…

Del azul nacen los caballos

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Lo sencillo tiene la virtud de convertirse en novedad cada vez que se repite, como una especie de revelación intuida desde siempre, expresada en muchas ocasiones, descubierta en cada una de ellas como certeza sin la cual sería imposible vivir; y por eso la sencillez de algunos versos de Pedro López Ávila en Del azul nacen los caballos es abrumadora, precisa e implacable, bella por cierta, verdadera porque la belleza desnuda es siempre una verdad desnuda.

Claramente, propone el poeta: "... ya no soy joven,/ aunque la vida siempre me exija/ que es necesario comenzar de nuevo". No hay compendio más exacto sobre el arte de "Estar en este mundo". Sencillo. Difícil como vivir. Yo creo que Pedro López es uno de los pocos poetas -entre los que conozco, desde luego -, capaz de abordar la escritura de cada una de sus obras como una impugnación a la totalidad, una rebelión contra el conformismo de la poesía entendida como adorno, o como "causa ideológica", o "…

“Los Jardines estatuarios”, “Los Bárbaros” de Jacques Abeille

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Escribir sobre una novela (dos en este caso), siempre impone una cierta obligación hermenéutica. De la simple glosa a la reseña, hasta las palabras mayores de la crítica, la tarea de quien escribe sobre lo escrito requiere entre otros cuidados una interpretación sobre las pretensiones y alcance de la obra y una evaluación de lo conseguido, aquello que definiríamos como “mérito” del autor. En lo que concierne a “Los jardines estatuarios” y su continuación en el “Cycle des contrées”, “Los bárbaros”, parece que una tarea tan obvia se convierte en algo extremadamente difícil. Reconozco que antes de escribir esta noticia he leído unas cuántas reseñas sobre “Los jardines estatuarios”; y de todas (que no son muchas), he sacado la misma conclusión: nadie tiene ni idea de qué demonios ha querido contar Jacques Abeille con estas dos entregas novelísticas que se están convirtiendo en obras de culto, por lógica y justicia; de culto porque, precisamente, los lectores reciben la soberana impresión…

El príncipe del día y de la noche

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“Sólo tú has sabido verme”, dice Vera, protagonista del film La puta y la ballena (Luis Puenzo, 2004), al ciego Solá. A Boabdil le pasa algo parecido: muchos novelistas han recorrido la figura histórica —mitificada hasta el exceso, con frecuencia—, del último sultán de Granada, pero muy pocos han sabido encontrarlo en esa maraña de estereotipos que convirtieron al Zogoibi (El Desventurado) en un personaje mestizo entre historia y leyenda. No diré que Antonio Enrique (Granada, 1953) sea el único, pero sí uno de los pocos autores de los que cabía esperar una visión inexorable en lo que concierne a la recreación histórica y una poderosa voz literaria, conductora de esta narración sobre los últimos tiempos y aflicciones del rey nazarí.

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Élites y minorías

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Las élites viven encantadas en su puridad, acorazan núcleos excluyentes y se comportan con ágil instinto gremial en lo que concierne a defender su enorme privilegio de ser pocos y bien apalancados. Las minorías, por el contrario, no están nada satisfechas de su condición, tienen vocación de alcanzar mayores audiencias y trabajan constantemente en favor de este propósito. Por lo general —inexorablemente, si hablamos de la cultura y sus entornos —, las élites aborrecen a las minorías, procuran cercenar sus pretensiones de influir en el ideario común y, si pueden, “cortan las alas” a todo el que presientan como amenaza a su posición en la torre vigía.

Boabdil, el príncipe del día y de la noche

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Acabada la lectura del año (2016), que se ha hecho esperar casi tanto como las campanadas en la basílica de Candelaria. Última novela publicada (seguro que hay otra en marcha, y otras en proyecto), de Antonio Enrique. De momento, dejo constancia de mi renovado estupor por la capacidad creadora de Antonio. Digo estupor y creo decir bien: me asombra de nuevo, es capaz de sorprenderme otra vez con una novela que asciende hasta más allá de lo que consideraba su pináculo de excelencia. Hacerse más pulcro y preciso, ameno y caudaloso, poderoso en una narrativa como lluvia que no cesa y empapa el alma del lector, después deLa espada de Miramamolín, parecía en verdad imposible. Lo parecía, solamente...

Bobadil, el príncipe del día y de la noche no es otro nivel en la producción de Antonio Enrique, pero sí representa un peldaño más. Insisto: de momento, señalar el hallazgo de un personaje espectacular como discreto, ambiguo como certero, amable como implacable en su voz perfecta de narrador: e…

La hora de Bizancio

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Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

Antonio Enrique sobre Isla de Lobos

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Isla de Lobos, ¿patraña genial?

En la Isla de Lobos no nacen niños, tampoco muere o se ve morir a nadie. Es un espacio imposible, un territorio en apariencia perverso, una zona mágica y, por lo mismo, secreta. En Isla de Lobos las gentes semejan sonámbulos de una realidad que está fuera del tiempo y del espacio, esto es, un tiempo alojado en algún repliegue insondable, y de un espacio fuera de referente concreto. Pareciera, ahí, que la energía ha cristalizado en un simulacro de lo humano anterior o posterior a la propia humanidad. Pareciera, sí, una región inhóspita del Astral. Un imposible del Espacio, una equivocación del tiempo. Pero es, Isla de Lobos (Ediciones Versátil, Barcelona, 2016; premio Valencia, concedido por la Fundación Alfons el Magnànim), una novela enormemente humana, cálida, yo diría que cordial. Y ahí está la paradoja, que una novela tan conceptual sea tan concreta, y que tan irreal, sea tan próxima, tan persuasiva y convincente. En principio, se trata de una fábul…

A propósito del recuerdo y el olvido

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El pretérito es tiempo perfecto, el único posible. El presente es efímero, un instante indeterminado, a menudo desvaído en estímulos secundarios y presencia avasallante que condicionan nuestra percepción del “ahora”. El futuro aún no existe. Cuando hacemos planes de futuro, nos ilusionamos o tememos una certeza instalada en el devenir, en realidad lo que hacemos es otorgar rango fáctico a una conjetura plausible, la hipótesis de que en el tiempo futuro las cosas van a transcurrir como prevemos. Pero ese mundo por llegar que habita en nuestra conciencia y ya opera en nuestras emociones y sentimientos, tiene el inconveniente, dictado por la pura lógica, de que será o no será. De ahí la frustración; de ahí, de vez en cuando, el alivio: “¡De buena nos libramos!”. Dejando a un lado la convicción sobre la muerte, sólo el pasado es lugar seguro, indubitado. Aunque no inmutable.

La importancia de lo importante

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Cada uno es para sí mismo el más lejano, parafrasea Nietzsche a Terencio (La Andriana, “proxumus sum egomet mihi”); más bien invierte el enunciado de la frase para decir lo mismo: Mi pariente más próximo soy yo. Es un buen inicio para La genealogía de la moral y el mismo Nietzsche se autocomplace de ello. Tras el impetuoso arranque, Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos, afirma muy campanudo: “Esto parece un buen principio”. Algunas traducciones alteran ligeramente la magnitud de su euforia: “Esto tiene un buen fundamento”.

Miguel Arnas - Discurso de entrada en la Academia de Buenas Letras de Granada

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"El pasado día 9 de mayo tuve el honor y el privilegio de leer el discurso de entrada en la Academia de las Buenas Letras de Granada. Todo eso tiene un ceremonial y un protocolo imprescindible, pero sobrellevando eso, que tampoco es excesiva carga, pude durante media hora exponer mi idea respecto a algo que me obsesiona desde antiguo: los contactos entre la música y la literatura narrativa de cualquier tipo. El discurso, o cuanto menos un artículo con ese contenido, ya lo tenía escrito desde el verano del 14, pues un par de años atrás ya me había dicho mi amigo Fernando de Villena que debería entrar en esa institución. En el año 13 Pepe Gutiérrez, actual bibliotecario de la Academia, me habló de lo mismo y empecé a calibrar la necesidad de escribir algo que pudiera ser utilizado en tal ocasión. Cuando me puse a escribir lo hice de la siguiente manera: si me nombran académico lo leeré allí, y si no, no se pierde nada, lo colocaré en el blog. A principios de este año fui propuesto …

Familia

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Mi abuelo Paco González, chófer de la embajada de Marruecos en Madrid, dejaba a Muhammad V en el Pardo, despachando con el Caudillo, y corría a nuestro humilde barrio en la Vía Lusitana para montar a la chiquillería en el coche oficial y pasearnos por el centro. Alborotábamos con gozo infantil cada vez que un guardia municipal saluda al negro, solemne automóvil con matrícula del Cuerpo Diplomático. Mi padre se desesperaba: “cualquier día fusilan a este hombre”.

Mi abuela Amparo Bendicho, casada con un electricista y madre de cuatro mozancos electricistas, siempre estaba atenta y siempre descubría al revisor de contadores cuando empezaba su recorrido de inspección por el primer piso. Gritaba a todo gritar: “¡Toni, desenchufa las acciones!“. Las acciones eran un gancho conductor, primorosamente fabricado por alguno de aquellos manitas y empalmado desde la galería del domicilio al tendido eléctrico, con el loable fin de proveerse de energía eléctrica a precio popular.

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El libro del sur, de Juan Pablo Vitali

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El poeta nutre su bagaje para este periplo con aquellos atributos que han anclado firmemente en su espíritu: lo inolvidable, lo irrenunciable, lo que merece el esfuerzo de una vida y, por supuesto, durabilidad sin fisuras en la gratitud. Así, en primer lugar y casi como elemento conductor, encontramos en este poemario una reivindicación de los ancestros, los venerados antepasados que continúan alentando el alma inquieta del presente. Una de las características, también desgracias, de nuestro tiempo presente es habernos resignado a la escisión entre la voz edificadora del pasado y la inquietud del hoy cotidiano. Romper vínculos con “lo anterior” nos condena sin remedio a un vivir diario sin norte ni sur, este ni oeste; un transitar sin objeto en reclamo de toscas gratificaciones personales que nunca darán sentido a nuestra vida y, lo que es aún peor, a nuestra bien merecida y mal amada muerte.

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La Gorgona

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Llegaron noticias de que los jinetes del páramo poseían un gran tesoro: tres sirenas del mar de las Ánimas Dormidas. Según el mensajero, comerciantes de Alexandrópolis, tiempo atrás, habían contratado a mercenarios de Kefalonia, expertos en esta clase de cacerías, para que consiguieran la presa. Una vez en su poder las tristes sirenas, encerradas en un arca de bronce, las transportaron hacia Hestaria, en los dominios septentrionales del Emperador, con intención de venderlas a un precio exorbitante. Pero los cándidos comerciantes no contaban con la audacia de los jinetes del páramo, sobre todo si hay rapiña y botín de por medio. Estos salvajes cubiertos de pieles grasientas no reconocen a otra autoridad que la Noche, no acatan más ley que la del Perpetuo Invierno triunfante en sus hoscas tierras; y tienen por único señor a la Muerte, divinidad a la que dirigen todas sus plegarias y a la que nombran, según cuentan los viajeros, de treinta maneras distintas, siendo la más peregrina de e…

La luz del norte

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La historiografía tradicional da por establecido y concluido el relato sobre don Pelayo, noble astur que resistió a la conquista de la península Ibérica por los musulmanes, frenó la expansión del Islam en este territorio e inició la dinastía de los reyes asturianos. El asunto, sin embargo, no puede (ni debe) afrontarse desde una perspectiva única, la que sitúa a Pelayo como figura épica providencial que tras derrotar a los ejércitos africanos en Roncesvalles da inicio a la saga de nuestra Reconquista.

Cierto es que Pelayo (Pelagius, “el que viene del mar”) fue un activo y valeroso noble empeñado en preservar sus dominios y el imperio de la fe católica ante la avalancha musulmana que se desborda en tierras de Hispania tras la batalla de Guadalete y la caída del reino godo de Toledo. Pero también es verdad que la certeza histórica sobre su participación decisiva en estas confrontaciones, así como el real alcance y efectividad de su mandato en tierras astures (por no mencionar sus verdad…

Alain de Benoist - Cartago contra Roma

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En La interpretación de los sueños, Freud nos recuerda que de niño él se identificaba con Aníbal: “Cuando estudiamos las guerras púnicas –escribe–, mi simpatía no estaba con Roma sino con los cartagineses”. Más adelante, vuelve a señalar: “La escena de Amilcar haciendo jurar a su hijo, ante el altar doméstico, odio eterno a Roma, me impresionó por su fuerte carga simbólica. Aníbal siempre tuvo un lugar entre mis fantasmas”.

Aníbal también tiene un lugar entre los fantasmas de Jean Paul Brisson, historiador de la escuela marxista, el máximo paladín de los tiempos modernos de la revancha de Cartago contra Roma.

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