Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2011

Nocheras nocheviejas

La de 1975. Agarré una cogorza impresionante en casa de un compañero de facultad, quien organizaba la fiesta por todo lo alto. Con la euforia del cava y las copichuelas, me dio por invitar a todo el mundo, al día siguiente, Año Nuevo, a presenciar el “tradicional” concurso de saltos de trampolín sobre nieve; en la TV de mis padres... ¡Y en color! Apenas dormí dos horas. Sobre las diez de la mañana, la modorra pastosa y asesina de resaca fue zarandeada por mi madre: “Hay unos sujetos con mala pinta que apestan a vino y preguntan por ti”. Diez o doce melenudos que habían seguido la fiesta, acababan de presentarse en casa. A la mitad de aquella tropa no la conocía de nada. Mi padre, en batín de franela y zapatillas de paño, los atendió muy cortés. Mientras los esquiadores saltaban en Austria y nosotros los veíamos desde Granada (y en color), papá y mamá me miraban con cara de “Ya hablaremos”.
La de 1979. Sobrio del todo, viajé a Madrid el día anterior, con la RENFE. En la capital del relo…

Se va y no vuelve

¿A casa por navidad? Te vas tú a enterá...

Lo dijo Su Majestad el Rey, en el discurso de navidad leído ante las cámaras de TV el pasado 24 de diciembre: “Todos los españoles son iguales ante la ley”.
Por ese motivo, y no por otro, Miguel Francisco Montes Neiro, el preso más antiguo de España, indultado por el consejo de ministros el 16 de diciembre, ha celebrado estas fiestas entre rejas.
Esbozar cualquier argumentación sobre agravios comparativos, la pretendida igualdad de los españoles ante los tribunales de justicia y los jueces encargados de administrarla (y ante los gobiernos que otorgan los indultos, para qué nos vamos a engañar), sería a estas alturas un empeño ocioso. Inútil por demás. Quien no sepa del caso es porque no le interesa, y nunca se va a enterar. No merece la pena explicarlo más veces.
Lo último sin embargo: el juzgado de guardia de Granada desestimó el mismo sábado 24 una petición de habeas corpus, presentada por la familia de Neiro, en la que se solicitaba la comparecencia del cautivo y su puesta en libertad…

Fría navidad

Ya está aquí, y todo el mundo se entera de un modo u otro; y la vive (con satisfacción o a su pesar), porque las fechas son literalmente insoslayables. Si alguien decidiera pasar unas navidades completamente al margen del escenario, sin contaminación ambiental, tendría que esconderse en casa, no ver TV ni poner la radio ni conectarse a internet, no responder al teléfono y no abrir la puerta. La navidad es lo que tiene, esa virtud líquida de penetrar por todos los resquicios de lo cotidiano hasta que nos agota, igual que un niño se harta de polvorones o los mayores de sidra El Gaitero y anís Del Mono. Nos atiborra pero nos gusta hasta el empacho.
A mí, de la navidad, lo que más me llama la atención es el frío que hace. Muchísimo. Hemos pasado unos días en Valencia y hacía un frío de congelarse el Pardalot del mercado. De regreso, en Sevilla cae una pelona de las de llevar gorro de la lana en casa. Leen bien, en Sevilla. En el milenario pueblo donde habito, con sus casitas de ladrillo y …

Miguel Montes Neiro

Ingresó en prisión en 1976, a los 26 años de edad, por haber desertado del ejército; ya saben, aquel ejército que era el mismo de Franco, fallecido once meses antes.
Tiene ahora 61 años y continúa en la cárcel.
Nunca cometió delitos "de sangre".
Para cualquier demócrata de nuestro tiempo (sobre todo los demócratas que repiten cuarenta o cincuenta veces al días las palabras "franquismo" y "memoria"), el caso de Miguel Montes Neiro debería haber representado justo lo que es: una obscena injusticia, paradigma del funcionamiento desquiciado, arbitrario y cruel de la administración cuando las leyes (y quienes las ejecutan), se aplican ciegamente, ferozmente, contra individuos indefensos.
Pero no. Ningún demócrata antifranquista se ha acordado de que este hombre lleva 35 años en la cárcel, y que fue puesto entre rejas, por primera vez, como castigo a su huida del ejército franquista. Se ha pudrido entre los muros de su celda con los gobiernos sucesivos de Adolfo Su…

Los almajos

El Majadal es un poblado de colonización, construido y organizado tras la guerra civil española, donde algunos trabajan y el cura párroco del lugar tiene organizada una casi perpetua timba de invierno en la cantina-colmado del pueblucho. Estos detalles no tendrían mucha relevancia a la hora de hablar de una poderosa historia, magistralmente narrada, si no fuese porque la misma historia podría iniciarse de la siguiente manera: “Si una noche de invierno, un cura... juega a las cartas en la taberna de una aldea perdida donde todos sus habitantes comen lentejas casi todos los días, y las lentejas son el plato santificado por antonomasia...”.

Eso quiere decir que algo serio va a suceder.

Las lentejas, por ejemplo.

El sabio griego descubrió que si se alimentaba a un hombre exclusivamente con lentejas, el individuo no moría. Era probable que acabase de lentejas hasta las uñas de los pies, pero no moría. De cuya consecuencia, el sabio griego estableció que en la lenteja se condensaban todos…

Crash

Cuando vi esta película en 2005 me pareció una secuela de Vidas cruzadas, reinvención manierista y un poco oportunista de la sobresaliente película de Robert Altman, basada en relatos de Raymond Carver. Y poco más.
Como poco más era (eso me parecía), y los perfiles bajos suelen triunfar en la industria del cine y en todos los mercados culturales, Crash se llevó aquel año tres premios Óscar: mejor película, mejor montaje (sólo faltaba) y mejor guión original. Lo de original lo ponemos en aviesa cursiva.
Ayer volví a verla, en la plataforma digital de TV que una señorita con acento argentino me vendió hace un par de años. La película, revisitada seis años después, me apabulló con la verdad de la impostura. No era un pastiche policial/costumbrista concebido a modo de palimpsesto sobre Vidas cruzadas. He ahí mi error. Era más y mucho más.
Dicen que las buenas películas nunca pierden con el tiempo, se muestran siempre tan actuales, vivas, magistrales. Lo que viene siendo un clásico: aquello q…

Lo mejor de uno mismo

Hay personas que te hacen sentir bien por el mismo motivo que a veces te hacen sentir mal. Poseen el don (quizás se lo hayamos otorgado, depositando en ellas un anhelo que sabemos imposible de cumplir por nuestros solos medios), de hacer aflorar siempre lo mejor que llevamos dentro. Lo que sucede a menudo es que ese "lo mejor que llevamos dentro" nos enfrenta, de manera irrenunciable, con la obligación de analizar nuestra propia responsabilidad sobre cuanto nos sucede en la vida; lo cual, también a menudo, no es cómodo ni sencillo. Incluso puede que no sea agradable. Pero es lo mejor, para nosotros y para los demás.
Desconfío de la gente que siempre quiere hacerte sentir bien, bajo cualquier circunstancia. Elogian con o sin motivo, halagan, te hacen fiestas y carantoñas las merezcas o no. En suma, ante su mirada benevolente eres un irresponsable al que, más o menos, se tiene entretenido, contento, para que no dé demasiado la tabarra.
Por el contrario, hay gente (en mi existenc…

En misa y repicando

Me alucinan y, la verdad, me enojan un poco estos caraduras. Llevan toda la vida... Bueno, lo escribo en términos hablísiticos: Llevan toooooda la vida amparándose en la Constitución para mantener sus chiringuitos, y ahora nos salen con que, roto el invento, jodida su adhesión al fabricante.
Hace muchos (entendámonos: muuuuuuchos años), se les dijo hasta la saciedad que una Constitución monárquica que consagraba la "economía de mercado", tarde o temprano nos llevaría adonde estamos. Pero ellos, claro: como quien oye llover. Necesitaban un "marco constitucional" de convivencia, desde el cual combatirían denodadamente por acabar con la injusticia social, los privilegios de las minorías, etc.
Y hasta aquí hemos llegado.
Que pidan perdón a todos los españoles por haber cocinado, negociado, aprovechado, comido y bebido opíparamente de este orden constitucional, y después ya se pueden poner todo lo dignos o indignados que quieran.
La gente que está en todas las bodas y nunca…

Entretenidos e infelices

La gente quiere estar entretenida, eso es de Perogrullo. Lo que no tengo muy claro, ni lo he tenido nunca (y sospecho que jamás saldré de mi ignorancia), es de qué hay que entretenerse. Por qué.

Si uno queda a solas con sus pensamientos, en silencio, mirando por la ventana, o hacia una pared donde cuelga un calendario, o nada (la famosa pared vacía de las películas lituanas), entonces se supone que no estamos entretenidos. Nos aburrimos. Y lo que es peor: se puede llegar a pensar demasiado y es posible que se cuelen ideas raras en la cabeza.

Si voy por la calle y veo a un señor asomado al balcón, fumando un cigarrillo y con la vista en ninguna parte, acaso conjeture con que el individuo puede estar planificando su suicidio. Porque la gente que no se entretiene, acaba tarde o temprano por sumirse en morbosas consideraciones sobre la muerte. La suya o la de otros, a ver si el menda va a ser uno de esos que la lían parda desde una azotea, con un semiautomático... Ni pensarlo quiero.
Estar…

Tierra de bárbaros

Argentino, afincado en España desde hace bastantes años, Norberto Luis Romero es un autor con suficiente experiencia y demostrada trayectoria literaria. La suficiente (sobrada), como para abordar esta novela desde unas premisas “clásicas” dentro de lo que se ha venido considerando propio de la narrativa iberoamericana en las últimas décadas: el realismo mágico. Podemos poner los matices que queramos a esta catalogación (quizás demasiado sencilla, o simplista); pero, a poco que guardemos objetividad al respecto, será imposible buscar un acomodo de referencia más preciso para esta singular y desde luego sobresaliente novela. Por otra parte, Norberto Luis Romero, escritor de honda formación y conocimiento, tiene la virtud, acaso insólita, de instalarse en este ámbito de lo real maravilloso con plena potestad y, al mismo tiempo, aparecer refractario, opuesto a los clichés comerciales, el referente espurio de “aguas para chocolates”, “casas de los espíritus” y demás productos mercadotécnic…