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Mostrando entradas de agosto, 2012

Los autores nuevos más antiguos del mundo

La editorial Menoscuarto acaba de publicar una antología de microrelatos bajo el título Mar de pirañas (uff...), en la cual se compila, a decir de los propios editores (y supongo que a criterio del antólogo),"una muestra plausible de la calidad y exigencia de estos nuevos nombres del microrrelato español". Pues vale.
Entre los nuevos nombres de este género que lleva veinte años poniéndose de moda hay algunos que, en efecto, son muy nuevos y no dudo que muy prometedores, ya valiosos por lo general, De otros no sé si son novedosos o veteranos porque, sinceramente, no me suenan de nada. Y otros... ¡Ay, Cristo de Borja! Otros antologados (mejor dicho, sus nombres en esta colección), confirman hasta la parodia aquello que proclamase en cierta ocasión Manuel Vázquez Montalbán con no pocas ganas de guasa: "Los escritores jóvenes españoles son los más viejos del mundo". Atentos a la muestra de voces emergentes en el género: Felipe Benítez Reyes, Fernando Iwasaki, Almudena G…

Asumir, interpretar la ambigüedad de lo real

Suele afirmase que por lo general los artistas están bastante locos, o medio locos, y la mayoría de las personas “normales” se muestran de acuerdo. Estrafalarios, caprichosos, inestables, vanidosos, neuróticos... La gente del arte, a menudo por méritos propios, ha ganado en el transcurso de los últimos siglos concluyente fama de pirados.

Lo cual no deja de ser un lugar común tan falso como todos los tópicos, una verdad a medias que zanja la cuestión y resuelve el problema por el método falaz de simplificarlo hasta convertirlo en parodia. Es un mecanismo muy humano y muy consonante con la ley de economía de esfuerzos cuando intentamos comprender el auténtico significado de cualquier fenómeno. No nos ponemos de acuerdo (pongamos por caso), en valorar a un personaje público, un político o alguien con influencia en la sociedad; pero todos coincidimos en reconocer su parodia, el esperpento de “la cosa” sobre la que nuestras opiniones divergen. Por ese motivo el discurso humorístico tiene a…

El joven Borges

¿Por qué los medios de comunicación y las editoriales siempre utilizan la imagen del Borges anciano? Esa expresión entre venerable y ladina, la facundia porteña amalgamada con la seriedad y el rigor británicos, la súbita brillantez de lo ingenioso y lo bellamente oscuro de lo trascendente, es el paisaje de fondo con que Borges edificó su leyenda. Al final consiguió lo que se proponía: convertirse en su mejor creación literaria. Ni siquiera se privó de la ceguera, último matiz imprescindible a quien hizo de su vida (o mejor dicho: su estar en la vida), un corto relato de visiones deslumbrantes y una larga relación de anécdotas y frases memorables. La obra de Borges sin el personaje Borges sustentándola tendría el mismo valor que la de cualquiera de sus queridos poetas bonaerenses de finales del XIX. La obra fascinante pero no definitiva de "un italiano que habla español y cree que es inglés".

Revolución: día y hora, por favor

Muchos de mis amigos en las redes sociales se han apuntado a la revolución por Internet, lo que me parece una actitud loable, muy coherente con la situación de injusticia y atropello que casi todos sufrimos y que unos definen como crisis económica y otros, más llanamente, como expolio de los más necesitados por parte del sistema financiero y una orgía de despilfarro organizada, administrada y disfrutada por la clase política más chusma de occidente; la cual, por desgracia, resulta ser la nuestra.

Que ya digo que me parece muy bien. Adherirse a la revolución social por tarifa plana es mejor que no hacer nada en absoluto, y además dice mucho a favor de los principios y sentimientos democráticos, humanitarios y solidarios de todos esos amigos a los que hago referencia. Aunque eso sí, un ruego muy encarecido tengo que hacerles: se coordinen y se pongan de acuerdo en dos cosas importantes, a saber...

-Quién es el sujeto revolucionario (clase social, colectivo o alianza estratégica) que convo…

Houellebecq, que mal nos caes

Michel Houellebecq se empeña en mostrar al individuo contemporáneo tal como parece ser: indigente emocional, egoísta y asustado. Los biempensantes no se lo perdonan.

Insensible, misántropo, islamófobo, racista, misógino… la personalidad y obra de Michel Houellebecq acumulan epítetos muy mal avenidos con el dogma y sabiduría PC (politically correct para los expertos en bien pensar); y cada vez que abre la boca o publica una novela se le vienen encima el séptimo de caballería, la guardia prusiana y la democrática policía del pensamiento. Sus lectores habituales, aunque muy numerosos en Francia y más benevolentes que sus críticos, tampoco lo adoran sin reservas. Michel Houellebecq posee la dudosa virtud de perturbar y, en líneas generales, hacer sentir mal a quienes lo consideran uno de sus escritores más o menos de referencia. No se puede ser tan frío, dicen. No se puede ser tan implacable, lúcido y exasperantemente imparcial respecto a la mugre de nuestra civilización (y encima tener éx…

Dolce fare niente

Tenía que haber hecho un montón de cosas esta mañana de sábado, pero la he dedicado a nada. Toda la pereza del verano se me ha acumulado de pronto: las horas de avión sin pegar ojo, las noches de escribir hasta las tantas y luego madrugar para que el perro no eche de menos su paseo matutino; las siestas perdidas (es un decir), de excursión por los alrededores en compañía de Sonia y de mis hijos, tan dispuestos siempre a caminatas (ellos) y a no cabecear a la hora de la digestión (Sonia).
Las tumbadas al sol que no he podido dedicarme a pesar de que la playa está a cinco minutos de casa, porque en este reino de los suevos si no llueve es porque va a llover; los libros que no he podido leer echado en el sofá, como si durmiera en la imaginación de otros y sus gozos y pesadillas fuesen mis sueños; los miles de kilómetros en coche (tal cual), entre La Coruña, León y Asturias que hemos recorrido en los vaivenes de la preboda, boda y postboda. Los anocheceres tardíos y los amaneceres en el ae…

El cristo de Borja

Tampoco es que la imagen original del Cristo de Borja (muy deteriorada a más inri),  fuese la maravilla de las maravillas. Era un Ecce Homo normal y corriente, como todos los eccehomos que hay repartidos por las iglesias del planeta, con su barba al ascético desgaire, su apropiada expresión de dolor por los pecados del mundo y su corona de espinas colocada como debe ser. Vamos, lo que viene siendo un Ecce Homo estándar desde que la iconofilia se convirtió en Religión B del catolicismo.

El fallo de doña Cecilia, pobre, santa mujer, no ha sido malrepintar al famoso Ecce Homo, sino atreverse a ponerle cara de zambullo tirando a Paquirrín con paperas. Los incondicionales de una religión que adora ("rinde culto", dirían los pontífices), toda clase de imágenes y pinturas, que venera estatuas de palo vestidas con seda y oro y aliñadas con fina pedrería y joyas de mil y una noches, que reza a cientos de Vírgenes y a miles de santos, cada cual con soberana potestad ontológica represen…

No veo, no oigo... casi no hablo

No presto atención a los noticiarios de TV (total, lo que más me interesa es la predicción meteorológica, que nunca acierta ni tiene que ver con los nublos y frescos perennes de esta parte del mundo donde ahora habito); no escucho los informativos de la radio, no leo la prensa, ni digital ni en papel; cambio de canal si, zapea que zapea, encuentro una tertulia de esas en las que cuatro o cinco enteradillos hablan de la prima de riesgo. No sé ni me apetece saber sobre este circo. No puedo pasar ocho horas al día durmiendo y dieciséis atiborrándome de información indignada o indignante. Hasta el gorro estoy de la crisis, de los analistas de la crisis, de expertos en solucionar la crisis, de víctimas de la crisis, de movilizaciones contra la crisis, de salvapatrias y robinhood's anticrisis, de expropiadores de supermercados y caraduras que aprovechan la crisis para autorizarse moralmente después de haber chupado del bote durante lustros y décadas, exprimiendo con gusto los néctares d…

A quien madruga...

Por motivos que sólo a Faramio y a mí interesan, esta mañana, a las 07'00, estaba en el aeropuerto de La Coruña. Para entretener la espera y en contra de mis convicciones he entrado en la tienda de quincallería para turistas donde se vende prensa del día y hay expuesta una porción significativa de novedades editoriales, del tipo best-seller.

La visita ha tenido algo bueno: su brevedad. Aunque también ha habido algo siniestro, tirando a sórdido, en esos minutos de abandono entre portadas de colorines con letras en relieve: el esplendor de lo deleznable bajo los focos aplastantes del aeropuerto. Uno traspasa el umbral de esa capilla dedicada al culto efímero del consumo zascandil, pone la vista en los títulos, lee alguna contraportada, se entera de que un bodrio de entretenimiento histórico, escrito por alguien que sabe manejar Word, lleva 4.000.000 de ejemplares vendidos "En todo el mundo" (eso dice la faja publicitaria, sin especificar en qué partes del ancho mundo se ha …

Ya es septiembre

La verdad es que en el noroeste hemos tenido un verano como un banquete quevediano: sin principio ni fin. Y ahora todo queda en suspenso hasta septiembre (como en los tiempos estudiantiles).

Ha sido un verano de brumas, días frescos y noches frías, y de apetencia por la vida sobre todo; por las personas que componen en carne y hueso el único mapa posible de mi existencia.
Sonia tuvo la idea (no sé si del todo sensata), de contraer matrimonio conmigo el mes pasado.

Un viaje al Egeo, demasiado corto para nuestro gusto, fue la tregua que concedimos a las nubes de Finisterre y el clima seco y frigorífico de León. Durante ese viaje descubrí que aún soy capaz de manejar un scooter a toda potencia, aguantando los arrechuchos del viento que barría todos los caminos de la isla. Eso anima.

También me ha animado la visita de Julio, Manolo y Estefanía. Hemos visitado algunos lugares que les apetecía conocer y hemos ido a la playa, a tomar la sombra. Al final, lo que más les ha gustado de esta esquina…