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Mostrando entradas de mayo, 2012

Dios existe

Demostrado empíricamente. No sé si la divinidad habita en vagos ámbitos celestiales, se licua unificada hasta el último átomo de la realidad sentiente (manifestada o no), o vive opípara y pomposa en cada uno de nuestros espíritus como partícula elemental, personalizada, del todo indiferenciado en el que laten omnímodos la razón del ser y la potestad de la conciencia. Ni lo sé ni ahora mismo importa mucho.


Lo que sí sé, con casi plena seguridad, es que una realidad no determinada por las cualidades de lo divino sería incapaz de generar, de ninguna de las maneras, el flan de chocolate con el que Sonia ha bendecido hoy el desayuno. Si la experiencia sensorial transciende hasta lo místico y el apabullante sabor de un dulce nos hace pensar en la inmortalidad de las almas (el alma de quien ofrece el postre, el alma de quien lo gusta), será por algo, digo yo. No han evolucionado el sentimiento, las emociones y la sabiduría humanas hasta el punto exacto del flan de chocolate para nada, en vano…

Apocalíptico estoy (y eso que he comido)

Una detrás de otra. El hundimiento de Bankia ha colocado una vez más la economía española al borde del precipicio. El rescate de esa entidad con cantidades obscenas de dinero público es ya anécdota. Que uno de los consejeros del monipodio se haya autoconcedido una indemnización de catorce millones de euros por abandonar su cargo, resulta un epígrafe más en el largo capítulo de una novelucha barata que podría titularse: “Crónica amenísima del saqueo de España”. Nadie dice nada, nadie levanta la voz en el Congreso, nadie reacciona en el gobierno de “esta gran nación”.

Iba a escribir también que “nadie se indigna”. Pero sí hay indignados, conciencia coral de la crisis (más que crisis, abordaje al Estado y devastación de la sociedad civil). Los indignados tienen voz y voto (en las urnas), pero no alternativa. Casi todas las alternativas posibles (aunque ninguna deseable) son partidos más conocidos que el viejo tango de Discépolo, “Cambalache”. La verdad es que no hay alternativa dentro del…

Granada, Granada...

Sólo hay una cosa peor que un dictador: el iluminado (o el sinvergüenza) convencido de ser dueño de la democracia, con derecho a administrarla conforme a su criterio inapelable. Y los demás que se jodan.

Lo que ha sucedido en Granada, con la aprobación del nuevo reglamento orgánico municipal no es "un golpe de Estado", tal como critican los grupos de la oposición. Ya quisiera más de un integrante del gobierno municipal estar en condiciones de beneficiarse de un auténtico golpe de Estado.


Lo que ha sucedido en Granada es la culminación de un largo proceso de endiosamiento e impunidad. Es un crimen de lesa patria, un delito contra el ordenamiento democrático de nuestra sociedad. Una canallada sólo concebible en mentalidades estragadas por la soberbia, el desprecio a las minorías y la presunción de durabilidad indefinida en el mangoneo de los negocios públicos.

La concejal Mayte Olalla y su partido, UPyD, llevan años insistiendo en que el gran problema que late de fondo en Españ…

¡Habló el castellano!

Total, que voy por la contorna del río paseando al perro y el puñetero perro se pone a hacer en el césped lo mejor que sabe aparte de comer; y estando el animalejo en la maniobra escucho el vozarrón de un gallego hiperbólico, frondoso de habla, desaforado de aspecto y esmeradamente ágil en denuestos propios de este grande reino. Para entendernos: un gallego que parece recién escapado de cualquier libro de Cunqueiro. El cual individuo (notable persona sin duda), lanza al desgaire semejante comentario:

-Los señores de ciudad traen sus perros para que se caguen en este pueblo.

Como estaba de buen humor y súbitamente me he puesto de mal humor, mi respuesta ha sido rápida y, la verdad, demasiado contundente. Avasalladora, sin intención de avasallar a nadie. Aunque, como era de esperar, el hombre ni se ha inmutado mientras soltaba mi discurso. Y al concluir la soflama, me ha contestado con toda su retranca:

-¡Habló el castellano!

La madre que lo parió. Aún estoy dándole vueltas a la cabeza, …

Las campanas

Ayer escudé las campanas de la iglesia tocando a muerto. Es la primera vez que suenan (la primera vez que las oigo), desde que vivimos en el extremo noroeste. Recuerdo que hace un montón de años, tantos tantísimos que servidor aún no había cumplido los veinticinco de su edad, llegando a Mondoñedo me impresionó lo pequeño, recoleto y muy sobrio en mármoles de un cementerio a la orilla de la carretera. Se me ocurrió comentar en voz alta: “Qué pequeño y qué bonito!. Uno de mis acompañantes en aquel viaje, paisano de la zona, se ajustó la boina por la parte de la coronilla y respondió: “Es que aquí la gente muere poco”.

Podría ser verdad. Uno está acostumbrado a los cementerios andaluces, inmensos, blanqueando bajo el sol las sepulturas igual que bajo tierra blanquean (digo yo que blanquearán), los huesos de los difuntos. Y estaba acostumbrado al toque de funeral repetido tres o cuatro veces al día desde los solemnes campanarios de Carmona. También puede ser que aquí muera menos gente porq…

Diario de invierno

Hay novelistas que se dedican a contarnos su vida en cada nuevo título que publican. Otros lo hacen de golpe. Hay otros incluso (bastante más considerados), que lo hacen por etapas y además tienen la elegancia de separar en la reseña bibliográfica de su obra lo que es ficción de lo que propiamente son “batallitas”. Paul Auster pertenece a esta última clase de autores (La invención de la soledad, A salto de mata...), lo que el lector de Diario de invierno agradece mucho. Desde el primer momento sabemos qué clase de libro tenemos entre manos y desde qué perspectiva nos acercamos a él. Aclaradas las condiciones del acuerdo, el pacto lector/autor que siempre ha de establecerse en un principio para otorgar a la narración los requisitos de verosimilitud necesarios, nos encontraremos en condiciones de disfrutar con estas memorias de un hombre que ha vivido y que a los 64 años de edad declara oficialmente haber entrado en el invierno de su existencia.Lo que más me ha llamado la atención de Di…

O florido pénsil

Hace unos días encontré en el centro cívico de Arteixo un ejemplar de Paraíso, revista de actualidad cultural editada por la Xunta de Galicia. El número corresponde a marzo de 2012. La portada y el reportaje principal de interior están dedicados al estreno en lengua gallega de la adaptación teatral de El florido pensil, obra que todos conocemos igual que a su autor (y a quien no sepa quién es Andrés, ni merece la pena explicárselo ni tampoco enterarle de lo que se pierde).

Han pasado dieciséis años y El florido pensil continua siendo libro de referencia en librerías, estrenándose en los escenarios y marcando el "tono máximo" del género inaugurado por Andrés Sopeña, el cual versaba más o menos sobre la educación durante los años del franquismo. La cantidad de opúsculos, ensayos en tono humorístico, reediciones de libros de texto de la época, rancios manuales de urbanismo y otras joyas bibliográficas de aquellos tiempos fue inmensa. De lo que fue moda ha quedado justamente y so…

Periodistas... A buenas horas

Ahora que la prensa escrita está herida de muerte por la pujanza de los medios digitales, cuando la profesión periodística se encuentra condenada a la marginalidad laboral o directamente la extinción... Ahora se movilizan.


Hace veinte años, en las redacciones de los periódicos, se apartaba galanamente a redactores "viejos", antiguos empleados con nómina decente, para cubrir su puesto con dos o tres becarios, de los cuales uno lo hacía gratis y los otros por veinte mil pesetas al mes. Los nuevos infraempleados no podían perder aquella magnífica oportunidad  de engordar sus currículos, claro. Se empieza de becario/a y se acaba siendo redactor jefe. O se lo pasa uno de maravilla al tiempo que aprende una profesión de futuro, tal como se demostraba en la famosa y pinturera serie de TV protagonizada por José Coronado, Alicia Borrachero y Alex Angulo. ¿La recuerdan? Sí, hombre: se titulaba Periodistas.

Eso sucedía hace veinte años. Y nadie se movilizaba ante aquellos estragos. No er…