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Mostrando entradas de julio, 2012

Un descanso

El próximo 27, si el tiempo no lo impide, Sonia y yo formalizaremos nuestro matrimonio en León. Por lo visto el trámite es inevitable si quiere uno cambiar de estado civil. Después nos ausentamos por breve temporada. Si alguien quiere algo del Egeo que lo diga, a tiempo está. Más luego habrá otra celebración de boda en la familia, y después recibimos a Manolo, Estefanía y Julio, que estarán un par de semanas en La Coruña.
La mejor forma de organizar los trajines del verano es abandonarse a ellos, lo tengo más que comprobado. Lo demás puede esperar. Como esperará este blog para ser actualizado. Cariño le tengo, y mucho... Pero lo primero es antes que lo segundo.
Hasta septiembre, poco poquito nada nuevo va a entrar en estas páginas. Bien lo siento.
Hala, a disfrutar de la vida.

El electricista calistillo

El electricista que birló el Códice Calixtino de la catedral de Santiago guardaba en el garaje de su casa, además de dos o tres libros más, un millón doscientos mil euros. El dato da que pensar. Tengo y he tenido a lo largo de mi vida miles de libros (no un único libro, ni varios libros); pero nunca he tenido y por el camino que llevo nunca tendré un millón doscientos mil euros.

Paradoja secular: la gente "de un sólo libro", suele acumular bastante más dinero y bienes terrenales que la gente de muchos libros. El que no se baja de la Biblia, el Corán, Mein Kampf o El Manifiesto Comunista, por lo general tiene bastante tiempo para dedicarlo a actividades lucrativas y juntar fortuna. El equivocado soy yo, desde luego. Debería haber seguido la tradición familiar y dedicarme a un oficio de luces en vez de volcar mi vida en este negocio de escribir y leer libros. Qué error.

Me lo decía mi abuelo y me lo decía mi padre: "No te fíes de la gente de un solo libro... Prefiere a los …

Un poema de Antonio Manilla

Bueno, hay días que regalan cosas...


Al cruzar una calle
Como si no existieran la rutina indeleble, las deudas con la vida, las tardes infumables, los fracasos comunes, la muerte y sus vacíos llenando el corazón. Deja a un lado todo eso: las fingidas pasiones, las pasiones vencidas por los días iguales, la creencia en un mundo imposible, los años y su herida, la tristeza sin causa del ocaso. Cuando la edad te incline a hacer balance, al cruzar esa calle en la que sentirás una tranquila predisposición a ser feliz a toda costa, siempre, piensa las veces que te ha detenido, aunque llevases prisa, la luz de la mañana estrenando las cosas, la rosa que creíste nacida para ti, o la fugaz visión -que durará una vida- del cuerpo hermoso, aún indefinido, que despertó el deseo. Son todo lo que tienes. Su breve intensidad las hace eternas.
Antonio Manilla 365  pájaros tiene el cielo (Antología)

Sábado, Domingo...

"En tiempos de crisis no hacer mudanza", rezaba Ignacio de Loyola y rezan los jesuitas. Me figuro que no se refieren a las mudanzas de camión y carraca que fulminan de vez en cuando la existencia de los buenos cristianos (y de los malos también). Aunque esas mudanzas de pecado también llevan aparejada su penitencia, sean los tiempos de crisis o de lo que fuera que hubiese antes de la crisis, una época ya olvidada, paraíso perdido al que seguramente nunca regresaremos.

Bueno, al grano, pues de lo que quiero hablar es de la penitencia al cambio de domicilio: la inevitable visita a Ikea. Horror de los horrores. Para empezar, hay una flecha en el suelo que indica permanentemente adónde tienes que ir. Y allá que van, vamos, todo el rebaño. Algunos individuos cargan bolsas amarillas a la espalda, ignoro con qué propósito aunque malicio que para nada bueno. Sigue que sigue la flechita, al fin da uno con lo que quiere comprar. Se detiene. Busca a un empleado de la casa, le manifiesta…