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Mostrando entradas de septiembre, 2012

El buen mal ejemplo

Nadie es absolutamente inútil. En el peor de los casos, siempre se puede servir de mal ejemplo. Conste que los malos ejemplos son más instructivos y muchísimo más aleccionadores que los buenos. El buen ejemplo suele resultar ñoño. El mal ejemplo, apasionante.

De las personas, las generaciones, las situaciones particulares y las épocas históricas siempre tomamos ejemplo. Sin experiencia ajena de la que aprender, qué difícil y qué largo sería el recorrido, con nosotros de exclusiva compañía.

De nuestros abuelos aprendimos el mal ejemplo de la convivencia mal llevada y peor rematada. Una entera generación se autoinmoló en una guerra civil (iba a escribir “terrible guerra civil”, pero redundancias las justas), que fue resultado de esa especie de incapacidad genética que tenemos los españoles para superar nuestras crisis colectivas si no es a base de echar la culpa al de enfrente, avivar odios y desafecciones, criminalizar al vecino y echarnos al monte en busca de culpables.

De nuestros padre…

Aquel 1715 que tanto dio que hablar

Mientras la gente de “Ocupa el Congreso” se manifestaba ayer en Neptuno, Esquerra Republicana de Catalunya, en la Comisión Constitucional (tiene su lado grotesco y su lado siniestro la cosa), defendía una iniciativa de ley para que la Cámara 'restituyera' los llamados 'derechos históricos' de Cataluña y su 'soberanía nacional', derogara los decretos de Nueva Planta (de 1715) y se creara una comisión Gobierno-Generalitat para negociar las reparaciones pertinentes. La iniciativa, basada en los mitos clásicos y la (des)interpretación de la historia propia del nacionalismo catalán, fue defendida por su portavoz, Alfred Bosch.

En eso se entretienen. Lo digo para que mis amigos de la indignación sepan en qué emplean su tiempo sus señorías republicanas (de la porgresísima Catalunya), mientras a ellos les parten la cara en la calle por los derechos constitucionales de los ciudadanos que viven en 2012.

¿Nos hacemos un golpe de Estado o una peli de Almodóvar?

A ver si nos aclaramos en los conceptos.

Si un grupo de militares ocupa el Congreso, disuelve las cortes e impone un gobierno provisional, eso es un golpe de Estado. Si unos miles o cientos de miles de personas "ocupan" (según reza la convocatoria original), o rodea el Congreso con intención de que los diputados dimitan, se disuelvan las cortes y se abra un proceso constituyente, eso es un golpe de Estado. Da igual que los protagonistas sean civiles o militares, que vayan en tanque o en legítimo ejercicio del derecho de manifestación, que sean doscientos o dos millones.



La verdad es que no tengo nada en contra de los golpes de Estado porque no soy cándido; sé que todas las sociedades civilizadas, sujetas al imperio de la ley y administradas según cauces y principios constitucionales, históricamente obtuvieron su legitimidad, siempre, sin excepción, mediante una acción de fuerza; o sea: un golpe de Estado.

Lo único que me echa para atrás de esta convocatoria para dar un golpe de…

Algunos de esos libros

Mi cartero no sabe el cariño que le he tomado. Lo veo por la pantallita del video -portero, en blanco y negro como las televisiones antiguas, aquellas que aún no funcionaban en España cuando nací. Lo veo, decía (en ocasiones me disperso), lo veo y me entra una alegría inmensa porque sé que me trae libros. Es mi presentador de TV favorito, le tengo más afecto que a Matías Prats y muchísimo más que a Jordi González. Cualquier día bajo las escaleras a todo correr y le pido un autógrafo.

Mira lo que me ha traído la última semana:






Esta mañana también ha llamado al video - portero, pero no cargaba libros sino una carta de Movistar. Bueno... los actores y los programas de TV tienen sus altibajos.

Seguro que mañana es otro día.

Maldito Proust

Si el miércoles comemos en Villamaría (Busdongo de Arbas), y el menú consta de guisantes con jamón, ternera guisada y arroz con leche; y el jueves preparo un arroz gloriosísimo y de postre hay bizcocho casero más glorioso todavía y tan glorioso que no paro de zampar bizcocho durante la tarde/noche; y el viernes, camino de Gijón, volvemos a Villamaría porque Sonia se quedó con ganas de pote y yo me pido menestra y filetes de ternera y tarta de queso; y el sábado nos invita a comer la tía Elí y mientras su prima Marina relata su devoción por Intereconomía nos embuchamos unas alubias pintas con chorizo y unas carrilleras de ternera que son medio prodigio medio milagro, y de postre un flan con nata como una plaza de toros; y el domingo Toño Llamas y Albina nos invitan a una barbacoa y comprobamos que, en materia de barbacoas, unos crían fama y otros cardan lana de verdad, porque no hemos probado asado de más enjundia en mucho tiempo, y de postre hay helado de dos clases y de las dos clase…

Curiosidades epistemológicas

Sobre la autonomía relativa de las superestructuras ideológicas en las sociedades mongolas.



Tercera ley de Faramio
(Sobre deportes, espectáculos públicos y banalidades tumultuosas en general)
* Cuanto más simple y pueril es el discurso político de las clases dirigentes, más se infantiliza la reacción de las masas y, en consecuencia, más se politizan los circos.

*Ejemplo (prueba) de reversión: En la medida en que el fútbol se politiza, el discurso político se futboliza.






José Antonio González Fuster

Lo que más le gustaba era fumar marihuana, beber whiski y navegar en su velero, ese Rat-Penat célebre en el puerto de Sagunto porque era domicilio perpetuo (no tenía otro), del estrambótico marino que cruzó el Atlántico y llegó desde Maracaibo tripulando aquel barquito de once metros de eslora, en cuyo mástil flameaban el estandarte y escudo del reino de Valencia.

También era aficionado a las mujeres, se cuenta. Antes de enviudar se había divorciado tres o cuatro veces de la misma esposa, la única que tuvo por las leyes de tierra firme. Por la ley del mar, algunas muchas salieron con él a navegar y regresaron bien navegadas. De eso se quejaba mi abuelo, que era un hombre muy mirado para estos asuntos. Y por ese mismo asunto se descojonaba mi padre, que también era mirado para lo suyo aunque con menos remilgos que su suegro.

Nada más regresar a España y atracar su barco y su vida en Sagunto, se llevó un disgusto tremendo. Salió publicado en todos los periódicos: su único hijo varón, mi p…

¿Quién va de mano?

Todos los países civilizados han afrontado sus crisis históricas con un esfuerzo continuado y en ocasiones admirable de superación nacional (pienso en los USA tras el crack del 29, en la Alemania de posguerra, la Francia de De Gaulle, la Italia del Compromiso Histórico...). En España no. Aquí, por tradición, rompemos la baraja. Parece claro que la crisis económica ya ha transcendido ese ámbito de los números contables y los porcentajes de desempleo para alcanzar categoría apabullante de crisis política, social, moral... Crisis institucional, estructural, del Estado y de la clase que lo dirige desde hace 40 años. Una situación en la que se agazapa cada vez más poderosa la crisis definitiva: la de la convivencia.

Ya veremos por dónde se rompe esta vez la baraja...

(Por cierto, con las cartas mal repartidas desde nuestra "ejemplar" Transición)

Se aburre el que puede

Aunque parezca extraño es cierto que mucha gente se aburre. No hay más que encender la televisión o conectarse a internet, o abrir un periódico, para constatar la cantidad de ciudadanos (y ciudadanas) que están aburridos con sus vidas y buscan continuo entretenimiento con urgencia un poco ludopática.  Aunque de inmediato surge la paradoja: los medios de evasión son todavía más aburridos que la realidad.

Y la perversidad de la paradoja retorcida: el método de diversión es casi siempre, ni más ni menos, la pura realidad, mucho más tediosa que cualquier representación o interpretación que de la misma pueda conjeturarse desde una opción digamos contemplativa. Hay casos pintorescos, agarraderas fugaces aunque bastante llamativas, no lo niego, como el asunto de la concejal erótica esa, o la restauración del Cristo borgiano, o la tristeza del futbolista y fenómenos similares. Pero lo real evidenciado, en carne cruda manifestado, resulta tedioso hasta el sopor. Antes dormía uno la siesta con l…

Beatus ille, más o menos

Lo que verdaderamente tiene de bueno retirarse unos días al campo es que uno se entera sólo de lo que quiere. Ni siquiera lo que nos interesa tiene por qué interesarnos, y casi todo puede dejarse para "cuando volvamos"; o para nunca, esa nada gentilmente perpetua que es destino óptimo para la mayoría de los compromisos que nos atontan y la inmersa mayoría de la información que se cuela en casa sin pedir permiso.

En este último amago de no estar, creo que simulacro legítimo de felicidad virgiliana, sí me he enterado (porque he querido), de que dos amigos seguirán siéndolo para siempre... aunque ese siempre alcanza ahora la dimensión  literal y tan rotunda, muy desconcertante, que el morir pone a los asuntos de este mundo. Uno fue compañero de editorial (Ediciones B); en cierta ocasión agarramos una profundísima y muy literaria curda, discutiendo sobre el peluquín de un divo de la literatura que nunca publicó en las mismas editoriales que nosotros aunque estaba abonado a los sa…