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Mostrando entradas de mayo, 2013

Nuestro gran recurso natural

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Algunos países son dueños de inmensos recursos naturales: petróleo, gas, metales preciosos o de uso industrial, diamantes, bancos pesqueros, energías limpias… El etcétera puede ser tan largo como la riqueza que generan o tan corto como la inteligencia y competencia de quienes los malbaratan. Todo depende. Envidiamos a los árabes de Arabia porque poseen inagotables cantidades de petróleo, lo que ha convertido a los simpáticos y un poco rudos caravaneros en obscenos megamillonarios; mas compadecemos a los argelinos porque sospechamos que nunca mejorará su existencia aunque vendan gas a medio mundo y (paradojas de la naturaleza), su territorio contenga reservas de agua dulce suficientes para abastecer a todo el continente africano. Eso sin tener en cuenta la cantidad de energía solar que podría producirse en la zona sahariana.

El valor de un premio

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Antes de escribir mis impresiones sobre el evento, muy conscientemente y por motivos que creo sencillos de entender, he dejado pasar dos semanas desde la proclamación y entrega de lospremios Hislibris de literatura histórica. No es un asunto para tratarlo sobre la marcha, instalado en la satisfacción espontánea de haber recibido dos de dichos galardones. Ni la euforia ni el enojo, ni el mucho contento ni el mucho malestar son buenos consejeros a la hora de intentar una reflexión seria acerca de cuestiones que de verdad nos importan. El tiempo (aunque sea un poco de tiempo, el obligatoriamente “prudencial”), tiene siempre la virtud de desbrozar la experiencia y convertir las emociones súbitas en poso verdadero, allá donde se instalan para siempre aquellas ideas e impresiones que merecen ser tenidas en cuenta: las que merecen compartirse, al menos desde mi humilde punto de vista.

El hombre que compraba gigantes

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¿Qué hay de fabuloso en la vida de un hombre que mide 2’35 mts de altura? En principio, nada. Si hubiese nacido hoy, lo habrían fichado desde muy jovencito para jugar en cualquier equipo de baloncesto y, en caso de demostrar talento y ambición, podría haber acabado en la NBA, como el rumano Muresan, el chino Yao Ming o el sudanés Manute Bol. Pero Agustín Luengo Capilla no nació en el siglo XX ni en el XXI. Tuvo la mala fortuna de adelantarse a los tiempos y venir a este mundo a finales del XIX. No jugó a baloncesto ni estuvo en la NBA. Jugó a sobrevivir y estuvo en un circo. Y ahora está en el Museo Nacional de Antropología. Bueno, lo que queda de él: su esqueleto y un vaciado en escayola de aquel corpachón que se vino abajo, como una inmensa estructura sujeta a la vida con cuatro clavos mal clavados, a los 28 años. A esa edad, nuestro hombretón fallecía víctima de la tuberculosis ósea. Sus restos, tal como había pactado ante notario, pasaron a ser propiedad del doctor González Velas…

Una isla en un archipiélago

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El género es la narrativa, y la narrativa natural es el relato. Todo el mundo cuenta cosas: el telediario, las sentencias de los jueces, el vecino quejoso por los saraos que organiza el putón del 5ºA, el niño al volver de la escuela y el locutor del partido de fútbol. Todo el mundo cuenta cosas continuamente. Se nace sabiendo y se viene a este mundo preparado para ejercer enseguida.

Carmona again

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Ha sido un fin de semana excitante. Apasionado. Volver a Carmona y reencontrar a viejos y nuevos amigos, y retomar el pulso radiante y la luz de aquel tiempo era parte de nuestro programa de pequeñas satisfacciones y grandes ilusiones. Maravilloso el encuentro con Narcisa, nuestra antigua casera. Sigue cosiendo, cuidando de su casa y de los suyos. Sigue siendo la persona más amable, educada e íntegra de la calle Ancha y sus alrededores, y ya saben ustedes que el valle del Guadalquivir es inmenso. Entrañable Narcisa: un ser humano como la catedral de Colonia. Un corazón como un diamante.