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Mostrando entradas de enero, 2013

Rasgarse las vestiduras

Vivimos en permanente estado de furor, una especie de cólera colectiva que a fuerza de denominarse "indignación" ha dejado de tener contundencia léxica y a punto está de desvanecerse como concepto útil. Si hoy alguien dice que está "indignado", no sabemos si es por la tasa de acumulación de capital engrosada por usurpación al trabajo proletario o porque a su equipo le han pitado un penalti que no era. Es lo que tienen las palabras: a fuerza de usarse dejan de significar y se convierten en tópico, coletillas vacías de contenido. Las palabras, o cambian el mundo o poco a poco se amodorran en el limbo del diccionario. Como la lira de Bécquer: "una voz como Lázaro espera/ que le diga "Levántate y anda".

Lincoln-Marx: Guerra y emancipación

¿Sabía usted que el Partido Demócrata de los Estados Unidos, sí, ese mismo del que hoy es líder indiscutido Barak Obama, era en 1860 el partido de los esclavistas y valedores de la oligarquía rural cuya economía se fundamentaba en semejante modo de explotación? ¿Sabía que el adalid a ultranza de la emancipación de los esclavos negros, Abraham Lincoln, se definía a sí mismo como un “wihg” (republicano) a machamartillo, y que con el apoyo de ese mismo partido alcanzó la presidencia de la nación, combatió por la Unión y abolió la esclavitud? Al final (eso sí lo sabe todo el mundo), pagó con la vida aquella entrega insobornable a los dos grandes principios que rigieron su trayectoria política y acción presidencial: la consolidación de la Unión como una tierra de libertad y la defensa de la igualdad y dignidad de los seres humanos conforme a lo proclamado por la Constitución de los Estados Unidos: “Todos los hombres nacen libres e iguales”.

¿A quién...?

Bueno, bueno... Más que cansado de ser pobre, de trabajar años en una novela para conseguir publicarla en una editorial modesta y tener por compensación (agradecida, desde luego) que te digan que "escribes muy bien" (¡Faltaría más, si escribiese mal no osaría a meterme en esos fregados!); harto y más que harto de publicar artículos en prensa y medios digitales por cuatro euros o directamente por nada, por el desahogo en ocasiones, por hablar con gratitud de la obra y méritos de algún amigo; escaldado tras haber sido colaborador de dos periódicos (grupos VOCENTO y EPI) durante trece años, que se dice pronto, con dos artículos semanales en cada uno, sin faltar un día a la cita, cobrando una media de 400 euros al mes; cabreado (no "indignado" ni mariconadas de esas, muy cabreado), por el choricerío literario y el mamoneo mediático; arrepentido, dolido, frustrado y desesperado por haber nacido en este país de rufianes, meretrices, golfos y besaculos; en la cola del I…

Houellebecq, qué mal nos caes

De vez en cuando conviene echar la vista atrás. Aunque sólo sea para reconocernos en lo que un día pensábamos, lo que fuimos, cómo sentimos, cómo reaccionamos ante la actualidad.

El presente artículo se publicó en 2010. No creo que haya perdido significado.

(Con mis disculpas por la extensión)



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Michel Houellebecq se empeña en mostrar al individuo contemporáneo tal como parece ser: indigente emocional, egoísta y asustado. Los biempensantes no se lo perdonan.

Test Logroño

Hace unos días, un periodista del lugar me preguntó sobre las celebraciones que conmemoran (o van a conmemorar) el Milenio del Reino de Granada. Yo quedé como aturdido, sin palabras.

-¿Eso del Milenio se sabe en Logroño? -acerté a responder finalmente, algo aturullado.

-Creo que no -me aclaró.

-Pues en La Coruña tampoco.

Juan Latino

Desde la plataforma digital Transbooks, disponible a partir de hoy en Amazon
Juan de Sessa sigue paseando por Granada y por "donde Dios nos lleve". 

Ciclogénesis explosiva

Mi madre decía que donde más a gusto se está es dentro de un coche cuando llueve. Ella, que nunca supo conducir, debía de imaginar el interior de acogida y seguridad de ese coche en compañía de mi padre, quien condujo toda su vida por todas las carreteras de España (lo que más hizo: conducir y tener hijos); en su compañía e, imagino, con la orquesta en los asientos posteriores de tres o cuatro niños dando la tabarra, como era costumbre. Eso, para ella, significaba estar a gusto. Mejor que en ningún otro sitio: junto a los suyos y con la carretera por delante, el mundo por recorrer, la vida por transitar. Ya podía llover fuera porque nosotros, dentro, estábamos a salvo.

Estimado editor...

He recibido, ignoro porqué, esta carta de un editor:

"Estimado José Vicente,

Soy editor y colaboro con la Editorial xxx y con la Editorial xxx, ambas de Madrid. Encontré su contacto buscando nuevos autores en Internet. Me gustaría leer una breve biografía suya, el resumen de una obra completa que quiera publicar y una muestra de la misma, para valorar si encaja en nuestra línea editorial. Con los autores que tienen pocos o ningún libro publicado en España trabajamos en coedición, cubriendo la mitad de los gastos de edición.En este caso trabajamos durante dos años junto con el autor para darle a conocer en España. Le agradezco de antemano y quedo a la espera de sus noticias.