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Mostrando entradas de enero, 2014

Enfermedades raras

Es impresionante la cantidad de mascotas que hay en facebook y  de enfermedades raras, dolencias  tremebundas, tragedias neurológicas, esclerosis de todas clases y parálisis de innúmeras variedades que salen cada hora en televisión (en todos los canales de la caja maligna). Me he dado cuenta del pavoroso fenómeno estos días en los que estoy sin conexión a internet y agoto algunos ratos de ocio doméstico fumando ante el televisor. (Lo de fumar es el detalle canalla, no sea que alguien piense en la absorta inocuidad de esos raros momentos en los que descanso de mis maldades habituales).

Mayorías

La obsesión es la mayoría. Decir y escribir las cosas que gustan a la mayoría, y decirlas no sólo para que la mayoría las entienda sino en la manera en que a la mayoría le place que se le cuenten. La mayoría manda en las urnas y en las listas de libros más vendidos. Todo el mundo (la mayoría), se siente autorizado para denostar a los electos para la cosa pública, pero nadie pone en cuestión la sabiduría del pueblo soberano. Lo mismo sucede con los libros. Al final el lector decide. Pero decide como en política: en el fondo, para nada.

La estatua

Se formó concurrencia en torno a una idea-engrudo: levantar un monumento a Blas de Lezo en Madrid. Como siempre, unos acuden generosos y sin nada que ganar o perder más que la satisfacción de haber participado en una iniciativa primorosa; otros ajustan balance de beneficios políticos, aunque aún podemos atibiar la esperanza de que nadie haga bandera con la figura histórica del almirante; y otros muy a lo lejos, como icebergs despistados bajo la noche atlántica, aguardan su oportunidad para el lustre biográfico, gracias al recuerdo de aquel marino cojo, manco y tuerto que salvó a Cartagena de Indias, Colombia y toda Suramérica de convertirse en la gran colonia anglicana de su majestad Jorge II.

Los nombres de la cosa

No es que me importe mucho ni me preocupe más de lo razonable, o sea, casi nada; pero me late la curiosidad cuando leo y releo los nombres de las organizaciones políticas que van apareciendo al reclamo de las próximas elecciones europeas. Supongo que el esfuerzo imaginativo por titular a estos nuevos grupos con nombres pegadizos y de honda sustancia "va en línea" con el cambio eclosional acontecido en la política italiana (siempre marcando estilo los transalpinos), hace un par de décadas, en virtud del cual las opciones tradicionales se retitularon "Rosa Blanca", "Llama Tricolor", "El Olivo", "Forza Italia" y cosas así. Pero Italia es Italia y España no. Aquí nos tomamos las cosas con más ceremonia y menos hipérbole, sobre todo si tienen que ver con la política, esa superficie de la historia que para nosotros, por lo general, está siempre a punto de hacer historia verdadera (Historia con mayúscula, decimos), aunque el agua nunca termi…

Los libros que no cambiaron el mundo

Leo en Solo de Libros un artículo sobre "los libros que cambiaron el mundo", una lista bastante precisa de títulos que influyeron de manera decisiva en la conciencia de la humanidad y han sido (siguen siendo) referencias icónicas para amplios sectores, movimientos y eso que los filósofos llaman "el espíritu de los tiempos". La Biblia, el Corán, El origen de las especies, Elmanifiesto comunista ... son libros que estuvieron al frente de, a menudo, ruidosas dinámicas sociales y avances del pensamiento (caso de la opus magna de Darwin).

Broza

Tener "la mente limpia, siempre en calma" era el afán idealizado del poeta Henri Howard, aquel "Petrarca inglés" orgulloso de su estirpe aristocrática, quien vivió como un Garcilaso entre la espada y los versos y murió como todos los que contrariaban a su rey, Enrique VIII de la casa Tudor.

La mente limpia, siempre en calma, es la consolación de la poesía que nos propone Antonio Manilla en su último poemario, "Broza" (Pretextos, 01/2013). 
"Tener la mente limpia cuando llegue el momento, para que ella cause el menor estrago".

Los trabajos y los días

Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos...
Hay días en los que uno no hace nada y tiene la impresión de no haber hecho nada. O peor aún, días de actividad un poco bullanguera y otro poco zascandil que al final se recuerdan como horas perdidas, empleadas en naderías urgentes que siempre ocupan el tiempo de lo que es o debería ser importante.
Hay otros días en los que, sinceramente, apenas hacemos otra cosa que nada y sin embargo quedan en el recuerdo como jornadas memorables, como de recibimiento o despedida en una ceremonia solemne sólo para nosotros. Días en los que se escribe un párrafo, se escucha una pieza musical, se conversa con un par de amigos o se leen (quizás se releen), algunas páginas que nos devuelven la memoria de otro tiempo, cuando éramos lo suficientemente jóvenes para no dar importancia a lo obvio. Es posible que la diferencia sentimental entre la juventud y la madurez consista en eso nada m…

Lo único diferente

El mismo jolgorio pastueño de siempre, la misma gente, con la misma sonrisa, congregada desde horas antes bajo el gran reloj, la misma alegría de baratillo de grandes almacenes, los mismos escenarios, las mismas campanadas, el mismo programa de televisión con la misma presentadora y casi siempre los mismos invitados diciendo las mismas simplezas de cada año. El mismo programa de entretenimiento, los mismos actores, cantantes y cómicos, los chistes de siempre, el espumillón y el confeti de siempre. Los únicos que cambiamos en esta celebración de la banalidad somos nosotros. Lo único verdadero y con sentido de la macrofiesta planetaria es nuestra evidencia íntima: ha transcurrido un año y la vida continua sin tenernos en cuenta para nada. Lo único que tiene valor: nuestra determinación de que la propia existencia sea algo de verdad importante, no por lo que dijimos, dónde estuvimos, quién nos acompañaba o si estábamos solos, sino por lo que hicimos y que de verdad sentimos que merecía …