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Mostrando entradas de julio, 2014

Superficie

Hace un rato, mientras paseaba al perro y el bicho hacía sus necesidades en uno de los solares abandonados del barrio (las ruinas del imperio inmobiliario, ya saben), un vecino parlanchín y bienintencionado se ha propuesto convencerme de que "todo empezó a joderse" cuando el Estado desmontó el INI y los primeros gobiernos del PSOE acometieron la reconversión industrial con un entusiasmo a tono de los tiempos, aquellas festiva inopia y torpe celeridad de droga de diseño propias de los años ochenta y noventa del siglo pasado. Yo sigo sin tenerlo claro. Creo que, más bien, todo empezó a joderse cuando el personal asumió con rotunda, avasalladora unanimidad, que lo importante de la vida era ganar mucha pasta, dar "el pelotazo" y sorber hasta la última gota el néctar de la sociedad del bienestar.

Morir pagano

Morir pagano, es volver a las lunas hiperbóreas a la hermandad de los lobos al viento helado de los bosques al misterio de la sangre a la eternidad circular de los tiempos a la atávica belleza de la raza a la sombra de los robles y a las picas de fresno a la visión del campesino itálico, en Roma y en la Pampa a los tibios fantasmas de los antepasados a la traslúcida estética de los dioses al águila, al muérdago y a las espirales de piedra al fuego que todo lo renueva a la hermandad que todo lo confirma a la virtud que todo disciplina al anticristo que anunció el filósofo-poeta al agua oscura que viaja como viajaban los navíos de nuestros abuelos. Morir pagano no requiere paga no pedimos cielos de algodón por nuestros actos tampoco tememos al fuego del infierno porque nosotros mismos somos el fuego que hace arder el mundo y si hay un dios que no habla con nosotros peor para él porque es un dios ajeno y se está perdiendo el valor del paganismo.
Juan Pablo Vitali


Del lado de la vida

La antología de Manuel Ruiz Amezcua, "Del lado de la vida" (1974-2014), abarca cuarenta años de dedicación a la poesía, lo que se dice demasiado pronto. Primero, porque cuatro décadas no son poco tiempo. Aunque la vida sea "un ratico", como decía Compay Segundo, aunque los días y los meses pasen volando y el tiempo huya como arena en las manos de un niño que juega en la playa, y todos esos lugares comunes (¡y tan comunes!) sobre la experiencia humana, cuarenta años son mucho tiempo. Hay que llenarlos con anhelos y trabajo, con ilusiones y frustraciones, con gozos y sombras, épocas de entusiasmo y otras de decaimiento, períodos que pasan fugaces y brillantes y etapas de plomo y ceniza, unos tiempos en los que nuestra alma parece volar y otros en los que se asfixia el corazón sin más esperanza que llegar a alguna orilla próxima donde se esté más a cobijo. Retórica aparte (ejem), cuarenta años son cantidad de tiempo. Esto era lo primero.

Master class

Seguramente pasarán de moda, como todas las modas. Las "master class" (re-traducción de  lo que toda la vida ha una "clase magistral"), es eso mismo: una clase única, impartida excepcionalmente por algún experto muy reconocido sobre algún detalle concreto de la disciplina que domina. Queda de lo más primoroso, moderno y auoteficiente asistir a una master class. Se supone que quien participa en cualquiera de ellas, o cuida mucho su formación o es un afortunado, un elegido que alcanzó el privilegio de ser alumno del master, en la class, porque pagó una suma desconsiderada o porque le tocó plaza en algún concurso. Son los tiempos, según parece. Los tiempos.

Todo está escrito, nada está dicho

Qué sensación tan compleja me vence cuando leo a algunos autores anglosajones (traducidos; soy capaz de leer pero no de disfrutar los textos en su lengua original). Digo "algunos" porque no son la mayoría, y "anglosajones" porque casi todos son norteamericanos o británicos. Siento inmediata admiración por la delicadeza y esmero con que tratan a su idioma, acudiendo a la literatura con un sigiloso respeto que los revela ilusionados tras de una única recompensa: la de merecerse a sí mismos como autores. Me desarma la apacible sencillez con que se acogen al arte de la narrativa, como si se reconocieran humildes y afanosos aprendices, en perpetuo estado de gratitud hacia una valiosa tradición literaria. El fraseo conciso y depurado, las imágenes directas y precisas, el exquisito cuido del punto de vista y el tono de la narración... Gente que escribe así, sin ninguna duda, ama a la literatura muchísimo más que a sí mismos.

Compromisos de poetisos

O yo soy un bicho raro o el grado de "estupendismo" al que están llegando los medios de comunicación (y algunos autores), empieza a ser preocupante.

Leo una entrevista a José Vélez Otero, poeta al que no tengo el privilegio de conocer pero que sin duda es autor de una obra muy valiosa. La pregunta y la respuesta no tienen desperdicio:

"P.-¿Cuál debería ser el compromiso del escritor, del intelectual, ante la grave situación económica que tiene en la postración el presente de millones de españoles?

R.-El compromiso del escritor con la sociedad debe ser siempre el mismo, en crisis y en bonanza: honestidad, honradez, virtuosidad, sinceridad, humanidad".

¡Demontres! Los intelectuales me gustan poco (sobre todo si son de los "comprometidos"), y los escritores que prefiero, por lo general, aparte de desconocer prácticamente las virtudes cívicas tienden a ser viciosillos, embusteros redomados y bastante misántropos.

Para dar ejemplo ya están los políticos, ¿no?…

La última princesa

Un momento que la están peinando

He recibido cientos de correos, o mejor dicho, decenas de correos, es decir, unos cuantos correos, preguntando por qué el blog está tan "parado" y cuándo voy a subir nuevas actualizaciones. Tranquilidad, asiduos lectores de Lejos de Itaca. Actualmente me encuentro en fase de editing (por parte del autor, o sea, yo mismo), de mi novela Interregno. Como la misma tiene una extensión considerable, me absorbe casi todas las horas de trabajo diario. Hasta que no concluya esta tarea... Paciencia.

Saludos muy afectuosos a quienes os habéis interesado en el blog. Seguiremos adelante, pero en su día. Y espero que ese tiempo esté ya próximo.