Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2014

Ora marítima

"Me preguntaste, si recuerdas, cuál era el emplazamiento del mar Meótico". Así comienza Rufo Festo Avieno su Ora Marítima, una obra escrita en el siglo IV AdC y en la que describe las costas de Hispania y el Mediterráneo, basándose en testimonios documentados de otros geógrafos de la antigüedad, como  Hecateo de Mileto, Helánico de Lesbos, Fileo de Atenas, Escílax de Carianda, Pausímaco de Samos, Damastes de Sigeo, Bacoris de Rodas, Cleón de Sicilia, Heródoto de Turios y el ateniense Tucídides.

Derecho al propio cuerpo

Mi coño es mío, dicen las feministas en particular y las mujeres en general, y dicen bien: el coño, el hueso sacro, la cadera, el tobillo y las orejas, y todo lo que se encuentra de la cabeza a los pies. El derecho al propio cuerpo, y a lo que se hace con el cuerpo y sus partes, es una posesión inalienable del ser humano (no sólo de las feministas en particular y las mujeres en general). De todos y todas y to@s y todxs. También de tod+-*//*+-s.

¿Derechos del autor?

Modernísima novedad en el cambiante (nunca para mejor) mundo literario-editorial: en lo sucesivo, y salvo raras excepciones, el primer derecho del autor de cualquier obra será su derecho a resignarse a no tener derechos de autor. Es la tendencia que se impone. Algunos, con muy poco rigor, lo llaman "literatura indie". Falso cual duro de madera. El arte y la cultura indie son una reclamación estética en torno a la cultura independiente. Lo de escribir y publicar por la patilla no es indie: es hacer el primo.

El cable y la vida

No soy capaz de calcular cuánto hace que el moderno Prometeo dejó de llamarse Frankenstein para ceder, más bien rendirse a la evidencia, y renombrarse Bill Gates, Google, Apple, iPhone, tablet, 4G y cosas así. Un montón de cosas que necesitan un montón de cables para funcionar. Da lo mismo que todos esos cachivaches dispongan de batería y cierta, relativa, autonomía de servicio. Tarde o temprano hay que recargarlos y sin los cables de siempre y la electricidad de toda la vida resulta tarea imposible ponerlos en marcha.

Paisajes y mundos

Decía José Saramago, en ese estilo un poco naif que de vez en cuando dejaba caer por sus novelas, que en este mundo lo que más hay es paisaje. Una obviedad que encierra una razón poderosa para algunas reflexiones, sobre todo cuando nos empeñamos en parecer nosotros mismos y, asediados por el paisaje, nos refugiamos en la conversación con el ser a la que llamamos pensamiento, a veces "yo". Y juro que hoy he desayunado, muy bien por cierto.

Música (poco) popular

Hay géneros musicales de carácter localizado, como la copla, las rancheras, la jota navarra o el baile chileno del pañuelito, que lejos de su ser geográfico-popular dicen poco o menos que poco a quienes topasen con el azar de escucharlos. Los hay de ida y vuelta en ámbitos culturales más amplios, como la música céltica-irlandesa, las habaneras, el acordeón parisino o la canción tirolesa. Y los hay universales, los que se escuchan en Lima igual que en Tokio, en Nueva York y en Helsinki, como el tango, el blues, el jazz, el fado o el flamenco.

Navegantes y leyendas

Desde que Odiseo viajó a Troya, regresó a Itaca y metió en vereda a los pretendientes de Penélope, y desde que Moisés separó las aguas del mar Rojo y Jesús anduvo sobre las del Muerto (al mar me refiero), la literatura se ha nutrido y más bien saciado con los los mitos del océano y muchas antiguas leyendas que ventean la imaginación de los peregrinos por los caminos del agua. Sobre el mar, como afirmaría Monterroso, todo está dicho aunque casi nada está escrito, al menos definitivamente.

Vida social

Después de leer algunas crónicas sobre la gala y entrega de los Reconocimientos al Arte Contemporáneo, el pasado 14 de febrero, en el Centro Reina Sofía de Madrid, dos certezas permanecen en mi ánimo: el arte contemporáneo se celebra siempre a sí mismo con espectáculos acordes a su valor, y la gente que se mueve en aquellos ámbitos (incluidos, por supuesto, los artistas), empeñan la mayor parte de su actividad en esculpir una vida social tan voraginosa que, ciertamente, no sé de dónde sacan tiempo para dedicarlo a la creación. Aunque también puede ser que sus obras no requieran una especial aplicación, el esmero, minuciosidad, reflexión y horas de trabajo que necesita, pongamos por caso, un novelista para acabar los doscientos primeros folios de su manuscrito. Quizás el arte contemporáneo sea expresión súbita y casi instantánea, un poco volcánica, de cierto estado de  ánimo entre ferviente e iluminado, el cual propicia obras repentistas que van de las musas al lienzo (o al soporte que…

Bajo el volcán

Hemos pasado la mañana en el Puerto de la Cruz, como turistas de cuota, zascandileando entre bazares de cachivaches electrónicos, perfumerías y esas tabaquerías-licorerías atiborradas de souvenirs que dan a la isla una discreta pincelada ultraperiférica, como esas tiendas de las películas anglosajonas (más bien norteamericanas), donde el protagonista compra un revólver en el mismo establecimiento donde pueden adquirirse unos Donuts, analgésicos y comida dietética. Lugares que están en todo el mundo y no distinguen a ninguna parte de ese mismo ancho mundo. Así hemos pasado la mañana, decía, y no lo estaba diciendo mal, porque la mañana pasó soleada como pasaban las nubes por la corona del Teide, presurosas y amables, sin adensarse y opacar la luz intensa de un lugar colmado de reflejos limpios, caídos desde los cuatro cuartos de la brújula. Ha sido una buena mañana perdida en esos asuntos que por su intrascendencia merecen la recompensa de una memoria grata.

Tedio

Quien dijere lo contrario miente o se engaña, pues es cierto que a veces (con frecuencia en algunos casos, es decir, en algunas personas, y con menos o más en otras porque eso va en pertrecho y a aburrirse se nace sabiendo), nos entra una especie de desgana, como de estar sin querer estar o a malgusto de estar. Y eso se llama tedio. En mi pueblo, que por no tener no tiene código postal, le llaman aburrición.

Adiós a Facebook y todo eso

Hace unos días, la librería Bibliocafé de Valencia anunciaba en Facebook su cierre el próximo 8 de febrero. Una más para añadir a la lista, y las que irán agregándose. Que Bibliocafé recibiese hace nada una distinción oficial por su aporte innovador y esmero como difusores culturales, así como la relación cuidadísima con los lectores y autores que acudían a las presentaciones y eventos organizados en aquella casa, añadió un punto más de desasosiego y pesar a la cantidad de comentarios con que la noticia fue acogida en la red social.