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Mostrando entradas de junio, 2014

La lista del rey

Vueltas y más vueltas al asunto más urgente de la semana:  la lista de invitados a la recepción en el Palacio Real con motivo de la proclamación de Felipe VI. Dicha lista no se ha facilitado a los medios informativos, lo que denota, dicen casi todos, una falta de transparenciainaugural que nada bueno prefigura sobre las maneras democráticas en esta nueva etapa de la monarquía, etcétera, etcétera.

Derechos...

¿Derechos históricos? Sí, claro ... Y cuarto y mitad de uvas. Ni las instituciones ni los territorios tienen derechos históricos, ni los regímenes políticos ni las dinastías reinantes o cesantes ni las repúblicas en ejercicio o añoradas. Los derechos pertenecen a los individuos y no emanan de la Historia sino de la ley, las Constituciones. Reclamar derechos de la Historia sobre el presente equivale a suplantar los derechos de los ciudadanos reales, vivos, por los supuestos derechos de los muertos.

Khaleesi

Es un personaje ejemplar, de los que dan ejemplo. Los mejores ejemplos, que son los malos. Por eso es un un personaje ejemplar. Daenerys Targaryen, literalmente incombustible, rubia en tonos Marilyn Monroe, joven e inocente como un manto de nieve sobre mil cadáveres sepultados bajo la nieve, la Khaleesi, por decisión y habilidad de J.R.R. Martin, autor de Canción de hielo y fuego, es el paradigma un poco perverso del poder guiado a ciegas por la ética de los principios. Para la Khaleesi y afines, todo lo que no es grandiosamente bueno y gloriosamente redentor se cae de propio peso y se transforma en miseria; con frecuencia en cenizas.

La gran belleza, otra vez

Hace un par de meses entré en una librería y compré una película bastante de moda, aunque no la compré porque estuviera de moda sino porque me llamó la atención su título: La gran belleza. Me hizo evocar la frase célebre de Thomas Mann en La Muerte en Venecia: “La belleza es el camino del hombre sensible hacia el espíritu”. Sospeché que la película iba a intentar una sobreargumentación de este (casi) axioma, y creo que apenas me equivocaba. Acaso sería conveniente un excurso previo para aclarar por qué nunca veo películas en los cines normales, por qué nunca voy al cine y aborrezco ir al cine, y también por qué conozco quizás demasiado la obra de Thomas Mann y en especial La muerte en Venecia. Sobre todo eso debería explayarme un poco, pero es el caso que no me apetece.

Dos palabras

Bueno, prometo no tocar más el tema. Sólo una precisión.

En serio, dejaos de tonterías y de fantasear con ese referéndum para el que se recogen firmas en Avaaz (tiene tela la cosa), un 14 de abril por twitter, manifestaciones espontáneas de los cansinos de siempre y chorradas parecidas. La historia que se empeña en repetirse se convierte en parodia, y de la parodia al esperpento va medio paso.

Y esa gloriosa III República... ¿Quiénes van a estar al frente de ella? ¿Pablo Iglesias bis, Cayo Lara  y sus amigos de las mariscadas, Gordillo el terror de las cajeras de Mercadona? Anda ya...
Para hacer un pan con unas tortas, y darse el tortazo y hacer el ridículo, siempre hay tiempo.