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Mostrando entradas de agosto, 2015

El Vuelo del Águila

Hay mitos populares abiertos, lo que entre otras cosas significa que nunca van a darse por zanjados. En realidad, la esencia del mito es su continuo aprestado para la hermenéutica y la suma de nuevos elementos, datos, aportaciones o “descubrimientos”. Por ese motivo, los mitos contemporáneos son objeto de atención recurrente en obras de ensayística y narrativa. Es el caso de este singular libro de Felipe Botaya, El vuelo del Águila. Y lo defino como singular porque de verdad es un libro raro, no por lo extraño sino justo por lo inusual. Pero antes, hace siete líneas, he dicho que los mitos contemporáneos, abiertos, son cauce permanente de atención y (re)creación. Hay que explicarse.

Sociedad adolescente

Como la habitación de cualquier joven en edad de asombrarse por la tristeza de un domingo a media tarde, refugio y santuario doméstico improfanable, así se colman de sentido el malestar y las ideas supuestamente redentoras en nuestra cultura de yogures caducados y mascotas que bostezan y se lamen el culo ante el televisor. La identidad individual o colectiva (ah, los pueblos, las nacionalidades oprimidas, los explotados y desposeídos de este mundo), a falta de calles anchas y aire libre que conquistar, se enquistan en el cobijo familiar del “cuarto del niño” (o de la niña, qué más da); ese ámbito sagrado con las paredes cubiertas de carteles, la ropa amontonada, el ordenador siempre encendido y siempre bipeando mensajes de chat, la perpetua música de fondo, el televisor predicando en el desierto, el móvil enchufado al cargador, derritiéndose en presurosa amalgama de fotos y olakases…

Me llamo Suleimán

 Maravillosa tarde en Garachico, en compañía de Antonio Lozano, su nutrida familia y amigos, un peña encantadora de gente que merece la pena, todos congregados con motivo de la representación de la obra (adaptación de la novela homónima de Antonio) Me llamo Suleimán. Absortos, deslumbrados quedamos Sonia y yo con la increíble puesta en escena de este monólogo, un festín poético de imágenes, música y efectos digitales; y con el trabajo de Marta Viera, una actriz que nada más presentarse en el escenario atrapa al público con su mirada, su expresividad y una voz como hacía tiempo que no tenía el privilegio de escuchar: dice el texto con la maestría de los grandes, lo interpreta con la potencia de los muy grandes y canta como una soprano en día bendito de inspiración. Fue una tarde noche para recordar.