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Mostrando entradas de diciembre, 2015

Interregno: Entrevista y reseña de la novela en La Orilla de las Letras

... seamos sinceros: ¿en qué contexto historiográfico no aparecen, con fachada de verdad incuestionable, elementos mítico-fabularios? ¡La Historia está plagada de mitos, leyendas, relatos fundacionales más falsos que una moneda de tres euros! Nosotros, que hemos vivido en Granada durante tanto tiempo (creo que tú continuas por allí, o bien cerca), sabemos que nuestra ciudad asienta lo profundo de su “ser colectivo”, es decir, su identidad común, sobre los fortísimos cimientos de maravillosas mentiras y arriesgadas escenificaciones: “la reconquista de España”, el supuesto esplendor del supuesto paraíso nazarí, la Toma de la ciudad por los Reyes Católicos que no fue una toma sino una entrega pactada, el “suspiro del moro” que ni fue suspiro ni había moros por allí, la impostura de los Libros Plúmbeos y la fundación de la Abadía del Sacromonte, la coronación en la Alhambra de José Zorrilla como príncipe de los poetas de España, el mito lorquiano… La lista puede ampliarse bastante, pero …

El blocao

-¡Compañía! ¡El coronel!

El coronel era un anciano corpulento y malhumorado. Empezó por arrestar al segundo de la fila.

-Éste no tiene bigote -dijo, señalando a Pérez, un muchacho lampiño que estudiaba matemáticas..

-Es que... verá usía, mi coronel... -respondió el capitán.

-Nada, nada. He dicho que todos vayan pelados al rape y con bigote. No quiero señoras en mi regimiento. ¡Bigote! ¡Bigote!

Aquella desaforada invocación al vello producía en los restantes jefes una visible desazón. Todos miraban al pobre Pérez como a un relapso, un proscrito, un mal soldado de España. Pérez temblaba.

-Es que -se atrevió a decir el capitán - a este soldado no le sale bigote.

-Pues al calabozo. Hasta que le salga.

Cicatriz

Simon es una calamidad, un trasto. Es un genio (o casi) de la informática; ha creado a LISA, un programa de identificación de imágenes que sin duda revolucionará los avances en este campo, facilitando la posibilidad de multitud de aplicaciones, incluidas las militares, el espionaje, etc. Sí, en serio: es un genio. Pero es un desastre, un inútil con referencias, un sujeto tan diestro con los ordenadores como negado para la vida no virtual. Simon es como el Raymond de Rain Man, o el de “Simon dice…”, pero tomando decisiones importantes, o sea: cagándola; es como un niño grande jugando a ser mayor y metiendo la pata cada vez que respira; es como el Simón de Radio Futura. Dan ganas de meter la mano entre los renglones de esta novela, sacar al personaje agarrado del pecho, arrimarle un par de guantazos y decirle con los dientes bien pegados a su nariz: ¡Eres tonto, Simon, y no tienes elección!”.

Primera novela de un autor no primerizo

La verdadera historia de Lucrecia Viñal es una primera novela, y lo primero que hay que decir es que no se nota. Hay mucha experiencia lectora y bastante oficio de escritor vertidos en estas páginas. Alfonso Montoro (Jaén, 1975), no improvisa, no acude a las obsesiones y tentaciones del autor novel. Por el contrario, encontramos en esta obra una prosa madura y trabajada con diligencia y pulcritud. Quizás el reto más difícil con el que se encuentra un autor primerizo es crear un ambiente y un tono propios de la narración, exentos de la (a menudo) urgencia por “decirlo todo” con la propia voz. En este caso puede indicarse que, por fortuna para autor y lectores, ya se ha superado esta fase, digamos, reivindicativa. Estamos, pues, ante un novelista consolidado y con una trayectoria muy amplia por desarrollar, lo cual resulta alentador. Cierto es que Montoro no se ha precipitado por publicar, ha eludido la indecisión de los comienzos para ofrecer una obra “madura” en toda la extensión y en…

Águilas y Cuervos

Primera obviedad necesaria: una novela histórica precisa de una atmósfera, un ambiente verosímil que al mismo tiempo ejerza como subrayado eficiente e invisible de la época en que se ambienta la narración. Y esa atmósfera no se consigue amontonando documentación, sino caracterizando a los personajes y exponiendo las situaciones conforme al “espíritu de los tiempos”. Primera obviedad y primer acierto de esta novela: construir con firmeza y mediante una prosa esmerada (deliciosamente traducida por Carmen Bordeu), ese nítido y confortable paisaje literario, habitado por personajes convincentes. Oh, no crean que hacer todo eso, y hacerlo bien y que ese “bien” se denote desde las primeras páginas de la novela, es algo sencillo. Por el contrario, resulta extraordinariamente complicado, se requieren muchos años de oficio, muchas horas de trabajo, de escritura y corrección, también de edición. Ese es el mérito de Águilas y Cuervos que se manifiesta desde sus primeras páginas, el suspiro de …

Génesis

Bernard Beckett ha escrito una novela inteligente, muy ágil y con innegable pretensión de convertirse en lectura de calado, honda en conceptos y un poco (quizás demasiado) vertiginosa en planteamientos y puesta en escena. Al final, tres horas de sofá muy amenas, colmadas de reflexiones aproximadamente filosóficas sobre la conciencia humana, su sentido y su posibilidad en la historia. Y poco más. Hay un arranque que subyuga de inmediato, un desarrollo un poco previsible por sabido... Y un final que combina, sin duda lejos de la voluntad del autor, lo sorprendente con lo decepcionante. Da la impresión de que al novelista se le ha agotado el argumento al mismo tiempo que las ideas.

Lo peor, sin duda: que ese final precipitado recuerde, de manera fatal, a la saga de El Planeta de los Simios. Im-perdonable.