La mujer del reloj, de Álvaro Arbina

Da gusto leer a autores jóvenes que saben lo que se hacen. De acuerdo en que la juventud no es una traba ni un mérito sino una circunstancia temporal, y de acuerdo también en que leer de manera especial a un autor, en función de su edad, es una bobada. Sin embargo, son muchos los “arrebatos de juventud” que tiene uno vistos (por fortuna, no demasiado leídos), como para no celebrar que un novelista como Álvaro Arbina (Vitoria, 1990), antes de meterse en harinas y costales se haya planteado un trabajo riguroso, esmerado y técnicamente muy bien acabado. Su novela La mujer del reloj es un ejemplo sobre cómo cualquier autor, joven o en edad provecta, debería acudir al oficio y arte literario para ofrecer a los lectores un acabado digno (muy digno en este caso) de figurar en los escaparates de las librerías. Y eso es mucho, perdonen la insistencia, dados los tiempos que corren.

Se ha escrito bastante sobre La mujer del reloj, y casi todas las críticas y reseñas (al menos las que yo he consultado), coinciden en señalarla como una obra de ficción a caballo entre el trhiller y la novela histórica. A mí no acaba de convencerme esta catalogación, más publicitaria que otra cosa. Bien, en realidad nunca me ha convencido esa manía por colocar de inmediato a cualquier novela en el género que más le vaya a molde. Madame Bovary es “novela romántica” y Salambo “novela histórica”; y Flaubert un espabilado que se anticipó dos siglos a los dos géneros de moda y, tan cuco él, tocó magistralmente ambos palos. O quizás sea que Salambo y Madame Bobary son dos novelas sin más etiquetas, y precisamente por eso se han convertido en obras universales por siempre jamás. Sí, eso también pudiera ser.

Al hilo de lo que iba, con perdón por el excurso: no he tenido la sensación de estar leyendo una “novela histórica” con La mujer del reloj, seguramente porque su autor (joven, recuerden), haciendo buen uso de un inmenso sentido común, ha administrado admirablemente la documentación recopilada, sin duda muy profusa, para ofrecernos un argumento y una intriga ambientados en una época concreta, no para reconstruir un período de la historia a través de un argumento más o menos de circunstancias. Yo creo que ahí está el meollo del asunto, el porqué de La mujer del reloj como obra notable: hay una historia previa a la historia que al final requerirá su debida ambientación, pero el fondo de todo lo que late en esta novela, su sentido literario, da de sí por sí (con perdón por el juego de palabras), y daría de sí en cualesquiera otras circunstancias temporales. Hay, qué duda cabe, una recreación de dos elementos históricos capitales: la guerra de la independencia española (1808-1814), y la pervivencia de “la conjura de las luces” dieciochescas, o de las sombras, según se mire, a través de aquel hormiguero de sociedades secretas, intrigas, luchas soterradas por el poder, pugna entre tradición y modernidad, tan propios del inicio decimonónico. En esta tarea se aplica el autor con soltura encomiable, pero tras esa misma tarea queda pulida y brillante en su resultado una novela de acción, misterio e implacable interrogación sobre los afanes humanos en este mundo. Estar en el mundo no es asunto baladí ni tarea sencilla, y Álvaro Arbina parece conocer ese principio tan básico y tan complicado de que lo más difícil de una novela es convencer al lector de por qué se ha escrito, es decir: qué tiene el autor que decir no se haya dicho ya otras noventa y nueve veces. Desde este punto de vista, La mujer del reloj es una obra que re-conoce el principio aristotélico sobre la verdad del arte: representar la esencia de las cosas, no la apariencia de las cosas. No exagero, no quiero exagerar, pero a tramos, conforme el novelista esbozaba el propósito y alcance de su narración, evocaba (no exagero, no comparo, sólo digo sinceramente lo que me venía a la cabeza), obras canónicas del “género” como El siglo de las luces o El cementerio de Praga. Dicho queda.

Acerca de otras consideraciones sobre la novela, argumento, estructura y datos para amantes de la erudición, les dejo este enlace con la magnífica reseña que sobre esta ópera prima de Arbina nos dejó Franisco Portela en La Hacendera. Y por mi parte poco más, salvo una recomendación: no pierdan de vista a La mujer del reloj ni a Álvaro Arbina. Va a dar que hablar y, sobre todo, nos va contar mucho más. Seguro.

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