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Lo que dicen los dioses, de Alberto Ávila

En el Madrid de la posguerra, un carnicero psicópata comete crímenes espantosos contra indefensas niñas, escenificando en el ritual homicida sus más sórdidas y sanguinarias fantasías. Una médium asesora de la policía española, y ayuda a resolver casos complicados...

Treinta años más tarde, una periodista especializada en asuntos paranormales comienza a indagar aquel antiguo, terrible misterio, y está dispuesta a resolverlo. Su interés por “la casa encantada” donde vivía la medium la hará toparse con aquellos viejos crímenes y con un Madrid sombrío, secreto, de sótanos cegados y cuartos olvidados en mansiones decrépitas donde hace décadas que no entra una brizna de luz.

Lo que dicen los dioses suma al género negro el añadido del misterio sobrenatural y el terror. En esta novela no sólo transitan personajes muy vivos y bastante sanos, sino que está igualmente poblada por fantasmas, unos obsesionados por la sed de su propia verdad, otros torturados por el horror de sus crímenes. Una novela de este alcance, con este nivel de ambición, lógicamente ha de esmerarse en la verosimilitud y coherencia del relato, lo que los lectores llaman credibilidad y exigen con toda razón. Estoy convencido de que Alberto Ávila ha salido muy bien parado del empeño, lo que hace que su narrativa crezca como una de las más destacados en este género de la intriga sobrenatural, o como dicen los anglosajones, el psicothriller. Y la diosa Cibeles, cruel y sanguinaria como fuera en sus orígenes, cuando fue concebida por una civilización primitiva aterrada ante la certeza de la muerte y el miedo al sufrimiento, siempre presente, vigilante, como un testigo mudo y sabio sobre una realidad llena de humana desesperación. Testigo impasible del peor de todos los horrores: la maldad humana.

Notable lectura, sin duda, sobre todo para los amantes del género.


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