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Familia


Mi abuelo Paco González, chófer de la embajada de Marruecos en Madrid, dejaba a Muhammad V en el Pardo, despachando con el Caudillo, y corría a nuestro humilde barrio en la Vía Lusitana para montar a la chiquillería en el coche oficial y pasearnos por el centro. Alborotábamos con gozo infantil cada vez que un guardia municipal saluda al negro, solemne automóvil con matrícula del Cuerpo Diplomático. Mi padre se desesperaba: “cualquier día fusilan a este hombre”.

Mi abuela Amparo Bendicho, casada con un electricista y madre de cuatro mozancos electricistas, siempre estaba atenta y siempre descubría al revisor de contadores cuando empezaba su recorrido de inspección por el primer piso. Gritaba a todo gritar: “¡Toni, desenchufa las acciones!“. Las acciones eran un gancho conductor, primorosamente fabricado por alguno de aquellos manitas y empalmado desde la galería del domicilio al tendido eléctrico, con el loable fin de proveerse de energía eléctrica a precio popular.

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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

Una hamburguesa en un McDonald's

A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?