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A propósito del recuerdo y el olvido

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El pretérito es tiempo perfecto, el único posible. El presente es efímero, un instante indeterminado, a menudo desvaído en estímulos secundarios y presencia avasallante que condicionan nuestra percepción del “ahora”. El futuro aún no existe. Cuando hacemos planes de futuro, nos ilusionamos o tememos una certeza instalada en el devenir, en realidad lo que hacemos es otorgar rango fáctico a una conjetura plausible, la hipótesis de que en el tiempo futuro las cosas van a transcurrir como prevemos. Pero ese mundo por llegar que habita en nuestra conciencia y ya opera en nuestras emociones y sentimientos, tiene el inconveniente, dictado por la pura lógica, de que será o no será. De ahí la frustración; de ahí, de vez en cuando, el alivio: “¡De buena nos libramos!”. Dejando a un lado la convicción sobre la muerte, sólo el pasado es lugar seguro, indubitado. Aunque no inmutable.