Del azul nacen los caballos

Lo sencillo tiene la virtud de convertirse en novedad cada vez que se repite, como una especie de revelación intuida desde siempre, expresada en muchas ocasiones, descubierta en cada una de ellas como certeza sin la cual sería imposible vivir; y por eso la sencillez de algunos versos de Pedro López Ávila en Del azul nacen los caballos es abrumadora, precisa e implacable, bella por cierta, verdadera porque la belleza desnuda es siempre una verdad desnuda.

Claramente, propone el poeta: "... ya no soy joven,/ aunque la vida siempre me exija/ que es necesario comenzar de nuevo". No hay compendio más exacto sobre el arte de "Estar en este mundo". Sencillo. Difícil como vivir. Yo creo que Pedro López es uno de los pocos poetas -entre los que conozco, desde luego -, capaz de abordar la escritura de cada una de sus obras como una impugnación a la totalidad, una rebelión contra el conformismo de la poesía entendida como adorno, o como "causa ideológica", o "compromiso", o "ficción sentimental". No, no... Aquí no hay contemplaciones: o se habla de lo que a usted, a mí y a todos nos quita la vida, o nos vamos de fiesta. Y para eso está la poesía, para hablar de lo que nos quita la vida. Lo demás, como decía Séneca, son adornos.

El amanecer de la conciencia -cuando del azul nacen los caballos -, la edad de las ilusiones, el tiempo del amor, el tiempo de la melancolía... El paso del tiempo. Hay dos temas: el amor y la muerte. Como mucho, tres -según Monterroso hay que añadir las moscas a los universales amor y muerte -. El resto es divagar en torno a un imposible. La poesía requiere ambición, temeridad a veces; y coraje, tanto para enfrentar las preguntas como para saber formularlas. Del azul nacen los caballos es una demostración más -una verdad sencilla más -, de que reflexionar sobre el amor y la muerte no es decisivo, porque lo decisivo es saber reflexionar sobre el amor y la muerte. Y esa disciplina no parece sencilla. Para empezar, se requiere un voluntarioso aprendizaje lector, y otro casi idéntico como escritor; después la cosa se complica: hay que vivir, morder el polvo, saborear la experiencia, convertirla en materia de conocimiento y en sustancia de lo poético. Y hay que aprender la humildad, el esmero, el trabajo, la dedicación sin condiciones ni tapujos al gran arte de hablar a otros sobre lo que a otros -a nosotros -, nos quita la vida: la vida. La muerte y el amor.

Eso es Del azul nacen los caballos: lo que queda tras negar tres veces al falso dios del artificio, a los dioses banales de la sentimentalidad dominguera. Es todo lo que queda después de rendirnos ante la verdad que todos conocen y nadie explica: poesía.

Yo... Es que hace mucho que no estoy ni para adornos ni para que nadie me cuente lo maravillosa o muy triste que es su existencia. A la garibaldina: Roma o muerte. Es un decir. Es decir: amor y muerte o nada


Entradas populares de este blog

Una hamburguesa en un McDonald's

Godos, de Pedro Santamaría

La hora de Bizancio